Otra alternativa es posible

El año 2012 fue sin lugar a dudas, uno de esos años que quedarán en lo mejor de nuestros recuerdos. Si algo caracterizó el 2012 fue la movilización popular y la lucha social encabezada por la clase obrera. Es digno destacar el hecho de que la juventud uruguaya también fue gran protagonista y partícipe de ese proceso de movilización. Todos nos llenamos de orgullo al ver los overoles portados por miles y miles de jóvenes que, desde su sindicato pelean para transformar su realidad; o a los miles de estudiantes que protagonizaron uno de los 14 de Agosto más grande de los últimos años; y no puede quedar fuera, el gran encuentro de la juventud uruguaya en el 57 aniversario de la Juventud Comunista con más de diez mil jóvenes que demostraron una vez más, que es posible reavivar la llama de la lucha juvenil. Por cierto, como es moneda corriente, los medios de comunicación y la Derecha, poco y nada hablan del papel de los jóvenes uruguayos en la construcción del nuevo Uruguay que, dicho sea de paso, no es el nuevo uruguayo de “Nuevo Siglo”. Pero sí hablan por demás y de manera  insistente del involucramiento de los jóvenes, particularmente de los “menores”, en los hechos de violencia e inseguridad.

En estas líneas, no pretendemos continuar con el debate en torno a si son más del 5 % o menos de ese porcentaje los adolescentes que cometen delitos. Desde LiberArce consideramos que es momento de retomar la ofensiva juvenil y demostrar que existen serias alternativas a los problemas de inseguridad. Está más que claro, que las soluciones no se circunscriben a la propuesta de aumentar las penas o de bajar la edad de imputabilidad. Las propuestas alternativas que surgen del movimiento popular son palpables y con resultados a la vista, mientras que las que promueve la Derecha son discurso para la tribuna y los resultados de sus “innovadoras propuestas” demuestran que no son una salida, son más de lo mismo. Lo central a resolver en torno a los problemas de inseguridad no es si encerramos a más o menos jóvenes, no es si están 5 o 40 años encarcelados, sino que el eje fundamental debe estar puesto en dos sentidos: por un lado, en la construcción de oportunidades a través de la solidaridad para que se construyan alternativas, donde el delito vaya desapareciendo; por otro, para quienes ya están cumpliendo penas se debe pensar en un proceso socio-educativo que logre reinsertarlos en la sociedad de manera óptima.

Sobre esto último, el PIT-CNT viene trabajando fuertemente y con total éxito. Esto se lleva a cabo a través de convenios que involucran al INAU, a la Central de trabajadores y algunas empresas. Son más de 150 los jóvenes que estaban internados en el INAU – de un total de 480 en 2012- que hoy a raíz de estos convenios tienen la oportunidad de trabajar dignamente con un proceso socio-educativo de acompañamiento que los contiene social y afectivamente. Cabe destacar, que ninguno de estos jóvenes ha reincidido en la delincuencia. Dato contundente si los hay. Desde nuestra óptica, esto responde al hecho de que la generación de oportunidades en el mundo del trabajo, ayuda a dignificar la vida y a dotarla de nuevos sentidos.

Es una tarea para nada sencilla, porque nos enfrentamos a los valores predominantes en la sociedad. Es decir, para que haya “rehabilitación” es fundamental ir transformando la sociedad y el sistema de valores que le da sostén a esa sociedad. No sólo es un proceso hacia quienes delinquen. Es necesario derrotar el consumismo, el individualismo, la cosificación de las personas y la cultura de la impunidad. En contrapartida, hay que educar en torno a la solidaridad, el respeto a la vida y a la visión crítica y problematizadora de la realidad. Este proceso, que en última instancia implica un proceso de ideologización, no se logra de la noche para la mañana. Es preciso remarcar que no hay “rehabilitación” posible sino se considera el problema desde la integralidad, asumiendo que el problema no sólo lo tienen aquellos que han incurrido en el delito. El fondo de la cuestión y sus causas más profundas, son un producto histórico de la sociedad que nos involucra a todos, y por tanto, lejos de mirar hacia un costado con dedo acusador, hay que ser plenamente conscientes de que este problema lo resolvemos entre todos, o definitivamente no se resolverá.

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