Constructores de cambios

 editorialLos trabajadores en el Uruguay tienen características muy propias de la idiosincrasia obrera, que al mismo tiempo se ven potenciadas por lo mejor de la cultura de nuestro país. Síntesis sociocultural que los coloca como ejemplo para el mundo. La solidaridad, el compañerismo, el compromiso, la lucha unitaria y la firmeza ideológica, son solo algunas de las características a las que hacíamos mención. La clase obrera nos educó a muchos y nos sigue educando con acciones concretas, no con discursos. En las obras, en los talleres, en las fábricas, en los supermercados. En estos lugares de trabajo o se es solidario, o el patrón, sencillamente te aplasta. Esto no quiere decir que la solidaridad o el compañerismo estén condicionados estrictamente por la necesidad, es una elección de vida ser así, no solo una necesidad.

Es conmovedor ver cuando se hace una colecta para el boleto entre los trabajadores para ayudar al compañero que anda en la lona, o cuando se lo invita a la mesa porque la plata de los jornales no le alcanzó para traerse la vianda. Pero también eriza la piel cuando más de 25 mil obreros de la construcción se movilizan para pelear por mejores condiciones de seguridad, o mejor dicho, lisa y llanamente por la vida. También nos estremecemos cuando se movilizan miles y miles para cambiar la matriz productiva del país y generar un proceso de distribución de la riqueza que vaya disminuyendo la desigualdad social. Todos estos ejemplos, ponen encima de la mesa el porqué los trabajadores de nuestro país son protagonistas de los cambios. De los cambios en la estructura económica del país, sí; de los cambios en la política económica, sí; de los cambios que requiere el ser humano para dejar de ser menos egoístas e hipocriticas pasando a construir nuevos sentidos de humanidad, también. La realidad nos demuestra indefectiblemente, que no es posible un proceso de transformaciones con profundidad democrática si al tiempo en que forjamos cambios en la organización del trabajo y en la estructura del sistema propiamente dicha, no vamos transformándonos a nosotros mismos en mejores seres humanos. Poco sirven las conquistas salariales, por ejemplo, si cuando llega el sobre de la quincena salimos corriendo al shopping a comprarnos los championes o celulares más caros. La felicidad y la realización de la humanidad no pasan por acompasar el salvaje consumismo a que nos somete el sistema. Todo lo contrario, la felicidad y la propia existencia como especie están directamente condicionadas por el necesario cambio de conductas que se ven como naturales y obvias. Y como bien sabemos, las conductas se pueden cambiar por múltiples variables, pero nosotros preferimos que esos cambios sean motivados por convicciones ideológicas. La génesis de los cambios promovidos por los trabajadores, reúne la dimensión humana a la que hacíamos referencia, conjugando las necesidades más urgentes que tenemos como sociedad, con la libertad de pensarnos a largo aliento. Los trabajadores organizados de nuestro país no dudan ni un segundo en considerar el proceso desde una visión integral que efectivamente contemple lo político y lo económico, y sobre todo, asumiendo que las peleas no son por chacras, sino considerando al proceso de lucha como un todo. No por casualidad muchas de las leyes que se votaron o se están considerando a nivel parlamentario tienen la elaboración, seguimiento y empuje de los trabajadores. Solo mencionaremos algunas: Ley de Negociación Colectiva y Consejos de Salarios, ley de 8 hs para los trabajadores rurales, ley contra el acoso sexual, ley de reparación a víctimas del terrorismo de estado, ley Interpretativa de la Ley de Caducidad, decreto de marzo de 2012 sobre la democratización de los medios de comunicación, ley de Fueros Sindicales, ley de Salud Sexual y Reproductiva, Sistema Nacional Integrado de Salud, ley de responsabilidad penal por accidentes de trabajo, entre otras tantas. Luego de esta breve reseña, cabría decir: ¡Si estos no son cambios! ¿Los cambios, donde están? Estos claros avances del movimiento popular no pueden agotarse en sí mismos. Hay que seguir empujando desde todos los espacios de lucha popular para ir concretando el programa de cambios que el país necesita. Sabemos que en estas luchas estarán como siempre, los trabajadores, quienes nos siguen llenando de orgullo, y eso no hace más que templar nuestros corazones, amalgamar la unidad popular y fortalecer lazos en la lucha cotidiana, junto a ellos, que en definitiva somos Nosotros.

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