Aparateando realidades

No estamos descubriendo nada si decimos que los medios masivos de comunicación tienen un papel muy significativo en la estructuración de las actuales sociedades. Han apoyado guerras, golpes de estado, han puesto presidentes y derrocado otros. Sin embargo, no siempre se toma en cuenta este hecho a la hora de pensarnos como sociedad.En la actualidad podemos afirmar que, más que medios, son grandes empresas monopólicas de comunicación que tienen objetivos políticos y económicos claramente definidos. Por un lado los fines de lucro que cualquier empresa capitalista persigue, pero por otro, actúan como justificadores ideológicos del orden establecido y como vehiculizadores del disciplinamiento social. Buscan mantener el statu quo y reproducirlo, acallar los cuestionamientos hacia el sistema e imponer no solo un enfoque de la realidad sino mas bien una cultura que produce una forma de pensar, hacer y sentir. Esta forma de enfocar la dimensión humana se da a través de una cultura tremendamente mercantilizada y consumista que no promueve la creatividad ni el pensamiento crítico, todo lo contrario, apuesta a la superficialidad dócil y acrítica que garantiza la supervivencia de los elementos conservadores y reaccionarios de la sociedad, pero está altamente en duda que pueda garantizar la existencia del planeta y de la humanidad.  Dicho de otra manera, entendiendo a los medios masivos de comunicación como parte de los aparatos ideológicos del Estado, lo que buscan es darle continuidad a la producción mediante la reproducción de las condiciones materiales de producción exacerbando el salvajismo predador. Esto se logra a través de la manipulación de lo que podríamos llamar  opinión pública, construyendo “realidad” o lo que en Psicología y Sociología se conoce como “hiperrealidad”. La hiperrealidad vendría a ser una simulación mediática de la realidad, una gran teatralización de algo que sucede pero que va asumiendo dimensiones imaginarias que no se corresponden necesariamente con lo real, pero que se sienten como tal. Un ejemplo bien claro es lo referido a la crónica roja o las noticias de “inseguridad” que emiten los informativos de nuestro país. De acuerdo a datos obtenidos por LiberArce, en el período comprendido entre los años 2004 y 2008, la crónica roja aumentó en un 259 por ciento, mientras que los delitos aumentaron por debajo del 4 por ciento. Otro claro ejemplo es cuando ocultan información o cuando ésta es groseramente tergiversada. Al respecto, en lo que va del año fueron asesinadas cuatro transexuales en nuestro país, sin embargo la inmensa mayoría de los medios masivos optaron por no brindar esta información mientras se mostraban alarmados por lo que sucedía en Chile con casos similares. Cuando la situación desbordó las barreras del silencio, optaron por informar, pero lo hicieron de mala manera: “Fue asesinado un hombre que se vestía de mujer”. Detrás de esta forma de referirse a una persona que eligió ser mujer, está la burla, el desprecio, pero sobre todo, está implícitamente un valor diferencial que se le da a la vida. Constituye una clara muestra de cómo la cultura dominante cosifica a lo humano, mientras que desesperada y paradójicamente pretende darle una dimensión humana a las cosas. Estos dos ejemplos,  dan muestra de lo que los medios masivos de comunicación son capaces de hacer. Se muestran jugando fuerte y asumiendo el rol de aparato ideológico y a la vez el de aparato represivo del Estado, en el sentido de que van imponiendo el molde que se presenta como natural de lo que está bien y de lo que está mal, acusa y señala con el dedo, estigmatiza y adjetiva todo aquello que pretende salirse del cerco cultural dominante. Por lo dicho, es sumamente necesario para el avance cultural y democrático de nuestro pueblo, que se pueda llevar a cabo un proceso democratizador de los medios de comunicación mediante la creación de un nuevo marco legal que los regule apropiadamente. Pero también, se deben generar los espacios necesarios para que puedan subsistir los medios alternativos de comunicación que son en definitiva parte de las fuerzas contra hegemónicas, fundamentales para desenmascarar los aspectos invisibilizados de la sociedad.  En este sentido, enmarcamos a LiberArce como parte de los medios alternativos, buscando que sean escuchadas las voces tantas veces silenciadas, pero nunca derrotadas. Buscando repicar la voz de cada una de las luchas de nuestra diversa juventud uruguaya, de los trabajadores, de los estudiantes, de las trans, de los gays, de los artistas, de las madres jefas de hogar; de quienes nos sentimos dolidos, consternados por la injusticia social, por la violencia, por la hipocresía, de los que no nos conformamos con lo que hay, de los que peleamos por la libertad.

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