Editorial: Es ahora

gsgLa victoria conquistada en Octubre por parte del Frente Amplio, con mayorías parlamentarias, junto a la holgada victoria en el balotaje de Noviembre, fueron la expresión de una síntesis de lucha que no arrancó en Junio, ni si quiera en los primeros días del 2014. Fue la síntesis de un largo recorrido histórico que se desenvolvió durante décadas con acumulación popular.

Los innegables cambios en la vida concreta de la gente a raíz del accionar de los gobiernos del Frente Amplio, junto a un destacadísimo papel jugado por el campo popular, particularmente por el movimiento obrero, generando más cambios y avances, fueron decisivos a la hora de definir el partido. No todos los días se le gana a la derecha de la manera en que se le ganó. Se enfrentaban dos proyectos de país y triunfó el del Frente Amplio, el de la esperanza, el de los cambios, el de los derechos democráticos. La derecha sufrió una paliza histórica. El Frente Amplio ganó en 14 departamentos, alcanzó el 48 % de los votos y obtuvo mayorías parlamentarias por tercera vez consecutiva. Pero esto no es todo.

Derrotamos una parte sustancial del proyecto político e ideológico de la derecha, derrotamos la baja de la edad de imputabilidad. Fue una arremetida a lo Uruguay, ganamos de atrás y en los descuentos. No olvidemos que en Abril del 2014 la propuesta de la derecha superaba el 60% de aprobación. No fueron la suerte ni el destino los responsables de la hazaña. Fuimos los jóvenes uruguayos que salimos a batallar lugar por lugar, barrio por barrio, clase por clase, fabrica por fabrica, debatiendo con ideas y propuestas alternativas.

Diversas expresiones de colectivos juveniles se pusieron la camiseta del No a la Baja. El colibrí sobrevolaba toda previa, mateada o conversación con los amigos, padres, tíos o vecinos. Fue un despliegue enorme, empujando desde abajo. Es cierto, ganamos una batalla clave. Pero ahora es necesario poner en práctica, desplegar en todas sus dimensiones las propuestas que realizamos como alternativas durante la campaña, para ganar una batalla cultural fundamental, que implica inclusión social sin estigmatizaciones.

Esto requiere de igual compromiso y de igual entrega que la batalla por el plebiscito, o incluso más. Es necesario construir la perspectiva de trabajo entre todos los jóvenes, desde cada uno de nuestros lugares, con nuestras singularidades, tejiendo nuevamente una potente red de acciones que generen transformaciones concretas. Propuestas tenemos, el problema está en cómo nos comprometemos para su desarrollo y aplicación.

No pensamos que sea buena cosa delegar nuestros derechos a nadie. Tenemos que seguir asumiendo nuestro rol en la sociedad, como motor de cambios y transformaciones, con la imprescindible mirada crítica de una juventud uruguaya que no se deja domesticar.

Las propuestas alternativas tienen que darse en un contexto integral, que abarque al conjunto de la sociedad desde un enfoque de inclusión social y prevención de problemas sociales, como lo es la violencia.

El país tiene que seguir creciendo, expandiendo su economía y diversificándola, redistribuir la riqueza, combatir las causas profundas de la pobreza, ampliar la perspectiva de derechos, y contar con una educación de puertas abiertas a toda la gurisada de nuestro país.

Tenemos que promover un cambio cultural profundo, que rompa definitivamente los eslabones de dominación social de hombres sobre mujeres y de ricos sobre pobres. Todo esto supone medidas concretas. En los años anteriores, mostramos como propuesta alternativa al Uruguay y al mundo que es posible la rehabilitación y la inclusión social. El Programa de Egreso promovido por el INAU-SIRPA  tendió una mano solidaria para todos aquellos gurises que lo necesitaban. Pero ahora esta experiencia que demostró funcionar, tiene que repicarse en todos los niveles. Tenemos que  luchar para que exista un mayor compromiso por parte de las instituciones públicas con este programa. Y esta lucha no solo es pedir, es poner el cuerpo en cada una de las cosas que requiera la implementación de un programa de tales características.

Como parte de esto y de las alternativas, es fundamental retomar el trabajo junto a las brigadas solidarias en los barrios más castigados por el neoliberalismo de los 90 y principios del 2000. Porque no solo construimos una casa, revocamos una pared o tiramos un nivel, estamos construyendo solidaridad, salidas colectivas a los problemas que tenemos.

Como dijo el Pepe, el verdadero poder es el oficio de hacer marchar un proyecto en forma colectiva. Y esto es de una importancia estratégica. En esto se juega gran parte del proyecto político de transformaciones que el Uruguay necesita. De nosotros depende, porque nada crece a la sombra, pero tampoco nada crece sin nuestro aporte, todo sigue creciendo desde el pie.

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