¿Quiénes son los monstruos?

5686439686_332bdcbe84_zDesde los medios de comunicación masiva, desde los discursos de la derecha, desde una especie de atmósfera que algunos quieren crear, se nos está diciendo que hay un monstruo culpable de todos los males de la sociedad.

Una especie de ser que nada tiene que ver con “nosotros” los civilizados, amigos del orden y respetuosos de la propiedad; es el menor delincuente, o, mejor dicho, el menor, pues parece que todos son o pueden ser ladrones, adictos y muchas cosas más. Es la otredad que se nos opone y no nos deja vivir tranquilos y en paz en nuestra casa de una zona residencial. La repetición constante en los canales privados de noticias policiales, siempre exageradas, a veces falseadas, en las que participarían menores de edad, ha producido que muchos no puedan evitar la asociación mentirosa y se vean tentados a pensar que la solución al “problema de la inseguridad” es el proyecto más reaccionario que hoy tenemos en la política uruguaya, la baja de la edad de imputabilidad penal.

Tenemos entonces la creación desde la cultura hegemónica de una serie de asociaciones fuertemente soldadas a pesar de su falacia; de esta manera la palabra menor genera de por sí las connotaciones, con alguna variación, de delincuente-drogadicto-antisocial-peligro. Es decir que el menor de edad está construido simbólicamente por la cultura dominante en los medios de comunicación masiva y por la derecha política como el otro, el que no pertenece a la sociedad, el extranjero incivilizado, el barbarós de los griegos.

Estas falacias caen por su propio peso cuando se las enfrenta con un análisis verdadero de la realidad, con las causas de los problemas sociales y con la acción del campo popular y sus resultados.

Está claro que en el universo de menores de edad, solamente un porcentaje muy bajo delinque; el 5,9 %. La mayoría de los adolescentes intenta sobrevivir todos los días en un sistema que le es hostil, que quiere obligar al pibe a ser un consumidor compulsivo, a guiarse solo por impulsos, a no pensar en el futuro, a no tener proyectos ni individuales ni colectivos. El adolescente que trabaja es generalmente explotado de la manera más dura mientras intenta continuar estudiando. Y si a él lo afecta el constante bombardeo de productos y la lógica de “si no tenés tal cosa no sos nada”, hay que imaginarse que sucede con quién no tiene ninguna herramienta, quien no puede ir a la educación formal o va pero tiene que hacer el doble de esfuerzo que otros por la desigualdad que sufre.

El proceso de ruptura del tejido social sufrido durante los gobiernos que aplicaron el neoliberalismo ha producido la marginación por generaciones de parte de la población; miles de personas fueron condenadas a vivir en asentamientos o en barrios aislados, sin trabajo, sin ningún tipo de servicio, sin ninguna protección social de parte del estado. Esas condiciones de vida han generado cierta subcultura que muchas veces no asume las normas de convivencia social. Está claro que los niños y jóvenes que crecen en estas condiciones son en primer lugar los más vulnerables, pues muchas veces no tienen la contención necesaria en el lugar en el cual viven, y por sus carencias materiales no poseen las herramientas adecuadas para asimilar de la mejor manera los procesos educativos llevados a cabo en la escuela, si es que pueden ir, y luego, si es que logran seguir, en secundaria. Luego, ningún empresario les va a dar trabajo, quizá solo sabiendo en que barrio viven.

La mejora de las condiciones materiales de vida es fundamental para revertir esta situación, y el gobierno del FA ha conseguido resultados al respecto, secando a miles de uruguayos de la pobreza, dándoles salidas laborales y capacitación, aunque todavía queda mucho por hacer en ese aspecto. Pero con esto no alcanza; es preciso que los gurises experimenten un cambio cultural, y en esto el ejemplo más claro es el Programa Apoyo al Egreso, creado por el PIT.CNT y el INAU, con 250 adolescentes que cometieron algún delito y que hoy son trabajadores.

En este sentido se tiene un modelo pedagógico en general idealista, que muchas veces fracasa, lo que debería llevar a la posibilidad de empezar a educar uniendo la experiencia de la práctica, como forma de adquisición de conocimientos y toma de conciencia individual y colectiva, con el estudio más teórico, más “libresco”.

Por otra parte se puede hacer mucho con distintos proyectos culturales que se ocupen de generar interacción social y creación colectiva. Un ejemplo de ello son las usinas culturales del MEC que se han instalado en barrios cuyo desarrollo cultural nunca había sido atendido anteriormente, logrando enganchar a parte de la población adolescente en proyectos culturales colectivos.

Estas herramientas pueden ayudar a cortar la reproducción de la subcultura generada por la marginación provocada con el neoliberalismo de los gobiernos de derecha, buscando la superación individual y colectiva de las personas; sin duda alguna la criminalización y la represión hacía los adolescentes, y sobre todo a los más vulnerables, a los que tienen más dificultades de vida, no es parte de la solución al problema de la exclusión social y sus consecuencias, sino que significa un retroceso en la lucha por la reconstrucción del tejido social. Por eso deberíamos preguntarnos cuáles son los verdaderos monstruos.

 Santiago Manssino Young

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