“Ninguna copla resuelve el frío”

1 (1)Mario Carrero se presentó en la casa “Nibia Sabalsagaray” de la Juventud Comunista y habló para LiberArce. Hablando con él nos dio la sensación de estar hablando con un amigo de toda la vida, por su calidad humana, por su sencillez, por el respeto y la humildad que lo caracterizan. Ello provocó que la entrevista durara casi dos horas y muchas de las cosas que nos dijo quedarán sin ser publicadas, al menos en esta oportunidad.

Mario Carrero, además de ser un referente de la música popular uruguaya, preside la Fundación Juntos. El Plan Juntos trabaja construyendo viviendas en lugares que están en una situación socio-habitacional crítica y la Fundación Juntos rodea todo lo que hace a la vivienda con un trabajo enfocado más en la parte social, cultural y educativa. Al respecto, Mario decía:

En este mundo de hoy -donde tenés hasta zanahorias rayadas en los supermercados- a veces uno capaz que está un poco acostumbrado a no ver lo realmente crudo de vivir en una pieza de chapas y madera, sin saneamiento, sin baño, sin cocina, sin accesos… El Juntos me parece una herramienta perfectible, una herramienta a la que se le pueden mejorar muchas cosas, pero ayuda muchísimo.

La derecha política y también algunos compañeros nuestros dicen que el Plan Juntos es “asistencialismo”, ¿qué opinión te merecen esos dichos y qué significa para vos el Plan Juntos?

2 (1)Lo mejor en estos casos es ir a los barrios y hablar con la propia gente, no ir a hablar con los responsables o con las autoridades del Plan y de la Fundación.

La idea básica es que la gente misma desarrolle -a través de sus colectivos barriales, de sus asambleas o de la forma que se den para organizarse- cómo va a ser el ritmo de trabajo y cómo se va a trabajar. Esto implica que todos trabajen con todos y que todos aporten. Obviamente, los participantes no aportan económicamente, el aporte fundamental es con horas de trabajo. Esos participantes, además, trabajan con un apoyo -que dista mucho de ser asistencialista, más bien es formativo- donde hay funcionarios directamente del Plan hasta voluntarios que aportan su conocimiento para levantar una pared, para hacer un bloque, para hacer una planchada, para doblar varillas, para amurar una ventana, para desarrollar cualquiera de las partes del oficio que tiene el hacer una vivienda.

Hay que meterse en el lugar y ver qué pasa, ver cómo pinta la cosa, estar ahí permanentemente, no ir a hacer determinada actividad e irse. Hay que ver con la gente qué es lo que allí puede desarrollarse. Por ejemplo, en Villa Ilusión surgió por parte de los participantes, sobre todo mujeres solas con gurises, el planteo de que no podían conseguir trabajo porque les faltaban piezas dentales (la famosa “buena presencia”) y hoy por hoy se consolidó un plan de salud bucal que piensa llegar a 600 personas y ya van casi 400. A partir de ese planteo se generó un trabajo en conjunto con la Facultad de Odontología, sus profesores, sus estudiantes y la propia gente que, en tres sesiones, queda con dentadura. Fue una experiencia riquísima, dirigida por Pablo Peve (un compañero de la Fundación). Y esto no tiene nada que ver con un techo, ¿es asistencialismo? y no sé, pero es un debe grande que tenemos con la gente porque la dentadura, como en su momento fue la operación de ojos (donde se dio una ofensiva contra los médicos cubanos), parece que es un lujo y no una cuestión de salud, y sin embargo es una cuestión grave de salud.

¿Es asistencialismo arrimar eso? No sé, mejor dicho, sí sé que no es así pero puede quedar la duda y que cada uno lo asuma como quiera. Lo fundamental es pasar por un barrio de esos, bajarse y entrar… Una cosa es analizar los temas sin estar allí y otra cosa es estar y ver cómo se van dando esas situaciones. Se apunta a que la gente desarrolle su propia dinámica, su propia estructura para cambiar la realidad. Esa es más o menos la política, la idea, no se trata de entregar llaves y cortar cintas.

¿Con cuánta gente se viene desarrollando el trabajo?

4 (1)El Juntos trabaja con unas 15.000 familias que son mono-parentales en su mayoría -mujeres solas al frente y cuatro o cinco componentes por familia-, lo que hace que se esté trabajando con cerca de 70.000 personas donde casi la mitad de ellas son menores de 14 años. Y lo que más me preocupa son esos 30.000 gurises, lo que pasa con ellos durante las primeras etapas de sus vidas… No estamos hablando de la estigmatización, estamos hablando de que estén bien arropaditos, de que no tengan frío, de que los vea un médico, de que hablen con ellos, de que crezcan acompañados. Yo insisto siempre con el trabajo hacia los gurises. Tendría que ser, básicamente, un tema de humanidad, compromiso y solidaridad de la propia sociedad pero si no es así tendría que ser hasta de inteligencia, porque, hacemos algo para llegar a ellos y darle las posibilidades de que se integren a una sociedad mejor, más digna o, de lo contrario, caemos en lo que muchas veces se plantea por ahí de que hay que salir a cazarlos a los 16, 14 o 12 años…

Las necesidades básicas insatisfechas -como la salud, los alimentos, la educación, la vivienda-, que tienen decenas de miles de gurises, se manifiestan muchas veces en actos delictivos. La derecha, como solución a los problemas de inseguridad, plantea bajar la edad de imputabilidad. ¿Por dónde pasa la solución? ¿Cuál es la alternativa a esas medidas represivas que plantean los partidos tradicionales?

Son varias cosas. El planteo de la derecha de bajar la edad de imputabilidad es un planteo estrictamente de estrategia electoral, es decir, es afirmarse en donde creen que tienen más posibilidades de captar votos y para ello usan de rehenes a los gurises. Me parece que, más allá de que puede haber gente bien inspirada, no tienen la menor intención de solucionarle los problemas de inseguridad a nadie.

Hoy los jóvenes que cometen infracciones están detenidos, están encerrados. Y de repente, tenemos un debe como sociedad en cómo trabajar para recuperar a los que ya están presos, aunque es difícil hablar de recuperar porque es difícil recuperar a alguien que nunca estuvo, que nunca existió.

Si un gurí, ahora en este instante, anda revolviendo la basura para comer y no vive en condiciones como para ir a la escuela y encima lo estigmatizamos como si fuera un demonio, se complica… Son gente común y corriente que, en determinadas circunstancias, empiezan a reaccionar como pueden. Entonces, esos gurises que vivieron toda la vida pasando mal, pasando frío, pasando hambre, aprendiendo códigos que no son los códigos de convivencia más habituales, que tienen 2,3,4,5 años y ni siquiera los miran… cómo les van a pedir después que se adapten a la lógica de cuidar los bienes de consumo de la economía del mercado! No pueden pedirles eso y no tienen derecho a hacerlo!

Si analizamos a un país en el que hay unos 260.000 jóvenes y de esa cantidad tenés a lo sumo unos 1.000 que han cometido algún tipo de infracción y unos 600 que han cometido delitos graves (y de repente, en la mayoría de los casos, porque no hemos estado al lado de ellos cuando debíamos de haber estado), no podemos salir a cazarlos a todos por esos 600 gurises y cazarlos cada vez a menor edad. El tema es educativo, de formación, de posibilidades laborales, de que nadie puede usufructuar de lo superfluo mientras alguien carezca de lo imprescindible para vivir. En un país que vende 150 autos 0 Km por día, donde el bienestar se mide en cuánto podés comprar, no se puede permitir -de ninguna manera- que alguien no tenga lo necesario para su desarrollo humano normal (acá no estamos hablando de cosas extrañas).

Hay cosas que ya se han demostrado para cambiar esa realidad. El año pasado se les dio la oportunidad de trabajar a 150 jóvenes en diferentes empresas a raíz de convenios del INAU con varios sindicatos y de esos 150 ninguno reincidió, ninguno se fugó, ninguno se robó la comida o las herramientas de trabajo, y empezaron a vivir otras experiencias, como las de empezar a pensar en la media hora de descanso o en trabajar juntos con los compañeros, compartiendo otro tipo de vivencias…

Cambiando de tema, yendo a tu faceta de cantautor, ¿cómo ves a la canción de hoy?, ¿está comprometida con su tiempo?, ¿qué tiene para dar?

603593_382280855219416_929450713_nSiempre, lo que tiene que ver con la cultura y el arte, pasa por la sensibilidad del autor, eso en el mejor de los casos. En aquellos lugares donde pasas a ser parte de una maquinaria comercial -en la que tenés que aceptar cualquier cosa- ni lo cuento. Pero en cuanto al artista que trata de volcar su preocupación, su alegría o su tristeza en una canción… A mí me siguen preocupando las mismas cosas que me preocuparon siempre.

El tema de la identidad -que puede ser discutible o hasta contradictorio con la apertura del mundo- es fundamental para mí. El tener conciencia de cómo sos, de dónde venís, por qué hablas o compones como hablas tiene que estar presente cuando te subís a un escenario. Eso marca, de algún modo, tu origen, tu cultura. Y en un mundo global, está bueno que eso esté firme, que eso esté presente, ¿no? Porque nosotros hacemos canciones no hamburguesas, ¿viste?, las hamburguesas tienen el mismo gusto en todos lados. Hay particularidades que me parece que tienen que estar reflejadas en las canciones. Y obviamente eso te condiciona, no es la misma canción la que se compone en el Cabo Polonio que la que se compone en La Teja o en Nuevo París…

Además -de ese punto que sería el de la identidad-, está el tema de las cuestiones humanas. La canción, el arte, la cultura manejan sensibilidades, emociones y es imperdonable que un artista se suba al escenario y que cuando tiene la posibilidad de manejar emociones y sensibilidad no las utilice para mejorar el mundo. Me parece maravilloso cuando Jhon Lennon canta “Imagine”, cuando alguien dedica una canción a imaginar un mundo sin guerras, un mundo donde nadie esté por encima de nadie y más si ese “alguien” tiene la posibilidad de llegar a millones de personas. Entonces, la canción de hoy, de ayer y de mañana para mí tiene que estar comprometida con su tiempo, con su espacio y con tratar de dejar el mundo un poquito mejor de lo que uno lo encuentra.

 Marcos Sotelo

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