El 14 de agosto, los mártires estudiantiles y la UJC

1444El 12 de agosto de 1968, hace 45 años, caía gravemente herido por balas policiales Líber Arce en la puerta de la facultad de Veterinaria. Estaba en una movilización estudiantil, convocada por la FEUU, luego de 48 horas de paro de la CNT, reclamando presupuesto para la Universidad de la República, ahogada por el gobierno del Partido Colorado encabezado por Jorge Pacheco Areco, y boleto estudiantil. Dos días después, Líber moría en el Hospital de Clínicas.

Nada volvería a ser igual. A Líber lo siguieron Hugo de los Santos, Susana Pintos, Santiago Rodríguez Muela, Heber Nieto, Julio Spósito, Ibero Gutiérrez, Ramón Peré, Joaquín Klüver, Walter Medina y eso solo hasta 1973. La lista se haría dolorosamente más larga con Nibia Sabalsagaray, Elena Quinteros y decenas de estudiantes muertos, desaparecidos y miles presos y torturados, despedidos, expulsados de secundaria de la UTU y de la Universidad. Ese fue el precio de dolor, de vidas, que los estudiantes uruguayos y el movimiento estudiantil uruguayo, porque no eran jóvenes actuando aislados, lo hacían dentro de las organizaciones y de un accionar colectivo, pagaron por defender la libertad, por ser fieles a su compromiso con el movimiento popular y en especial con la lucha de los trabajadores.

El 14 de agosto ayer y hoy

14 Todo eso se expresa en el 14 de agosto que es, desde entonces, una fecha patria, de las que de verdad lo son, decididas por la gente, por el pueblo organizado, aunque el Estado no las reconozca como tales. El 14 de agosto en sí mismo pasó a ser un momento de síntesis y de lucha. Nunca, aún en los tiempos más difíciles, los estudiantes uruguayos dejaron que un 14 de agosto pase desapercibido. En plena dictadura las pintadas, las volanteadas y las marchas relámpago para colocar flores en la escalinata de la Universidad. Luego, en la democracia recuperada, levantando las banderas históricas del movimiento estudiantil e incorporando, cada año, los reclamos, la protesta, el compromiso.

También este año fue así y ese solo hecho es relevante. No lo ve el que no lo quiere ver. Miles de gurisas y gurises se juntan, debaten, sueñan, se comprometen, pelean. Y eso está muy bien. Desde una perspectiva democrática, y mucho más aún desde una visión de cambios, revolucionaria, es imprescindible que eso suceda. En todos lados, liceos, UTU, Facultades, se debate, se construye memoria, se organiza la lucha por el presente y se sueña el futuro. En todos lados gurisas y gurises construyen sus formas de compromiso, y haciéndolo, conquistan y crean espacios de libertad. A su manera, con su lenguaje, con sus formas de organizarse y de pensar.

En estos días he estado en varias de esas actividades, conmovido, deslumbrado y feliz. Igual que el resto de los participantes. En Salto con los compañeros del Regional Norte de la UDELAR, de formación docente y de los liceos. En el Bauzá, junto al gremio y a militantes de otros liceos y UTU. En el IAVA con más de 400 entrañables compañeras y compañeros. En todas esas reuniones con cientos de estudiantes se expresó la avidez y el reclamo de saber, y a la vez, una enorme voluntad de comprometerse y hacer.

Eso es el 14 de agosto, memoria histórica, pero no recordación pasiva, es continuidad y ruptura, es lo nuevo que se afirma en el pasado para crecer, es debate, pienso, emoción, compromiso, lucha, animarse y proponerse soñar, mirar el presente y el futuro desde espacios colectivos, construidos entre iguales, es democracia efectiva, es libertad.

“Estudiante sal afuera”

141 El movimiento estudiantil uruguayo tiene una hermosa historia de lucha, de compromiso democrático, de internacionalismo, de perspectiva transformadora. Los estudiantes uruguayos fueron protagonistas de la Reforma Universitaria, de la conquista de la Ley Orgánica de la UDELAR, de la solidaridad con los pueblos latinoamericanos y con cualquier causa justa en el mundo, de la solidaridad y la unidad programática y hasta orgánica con los trabajadores. Llenaron páginas de heroísmo contra la represión, en defensa de la democracia y la libertad.

Este año se cumplen 30 años de la marcha al Franzini protagonizada por miles de estudiantes en 1983 y que luego del 1º de mayo reafirmó que el pueblo había tomado la calle y a que a la dictadura le quedaba poco. Suena con conmovedora vigencia el estribillo de la canción que miles de gargantas cantamos esa luminosa tarde: “Estudiante, sal afuera, venciendo la soledad, la noche se hace día, sal afuera y lo verás”.

Nos llamaban, públicamente, “la generación del silencio”. Y los ideólogos fascistas, que hablaban en los canales de TV y llenaban páginas de El País, mostraban eso como un triunfo, en oposición a la generación anterior. Creyeron que con la tortura, el miedo, el brutal atropello a la Educación Pública, habían logrado esterilizar a una generación.

Esa “generación del silencio” explotó en el Plebiscito de 1980, en los 14 de agosto, en los 1º de mayo y atronó al Uruguay entero en setiembre de 1983.

Esa operación de neutralización ideológica de una generación no fue militar. Fue una operación de las clases dominantes, del imperialismo, del poder, para garantizar su supervivencia. Hoy, los mismos actores, se proponen lo mismo, pero con otras armas. El movimiento popular tiene que enfrentar esa gigantesca operación ideológica de dominación. Y los primeros que tienen que enfrentarla son los estudiantes de hoy. El protagonismo, vital, organizado, creador, de los jóvenes y dentro de ellos de los estudiantes y del movimiento estudiantil, es un requisito democrático, transformador y revolucionario. No hay profundización democrática, no hay transformación real de la UDELAR, no hay cambios de fondo en la Educación Pública, sin protagonismo estudiantil.

El desarrollo y fortalecimiento del movimiento estudiantil es un problema de todo el movimiento popular. Todos debemos aportar, ayudar, apoyar, promover la organización estudiantil en todo el país. Sin imponer nada, sin pretensiones normativas, sin paternalismos inconducentes, sin traslados mecánicos de la historia. Con respeto a la identidad de esta generación, a sus modos de sentir y de decir, a sus formas de organizarse y luchar. Integrándolos como una fuerza social decisiva para volcar la balanza para el lado del movimiento popular.

Pero eso requiere sensibilidad, capacidad de escuchar, decisión de asumir sus críticas, abriles cauces a sus sueños, construir la unidad real y concreta con ellos, desatar su lucha.

Revolucionarios, antiimperialistas, comunistas

p16liberprontaTodo lo anterior requiere del mayor nivel de amplitud. Es una tarea de todo el movimiento popular, que no sociedad civil, y por supuesto de toda la izquierda. Se trata nada más y nada menos que de ayudar a desatar toda la potencialidad de uno de los componentes básicos del bloque social y político de los cambios para disputarle el poder a las clases dominantes.

Para decirlo en términos precisos se trata de forjar la fuerza social de la revolución. Así de claro, de simple y a la vez de complejo, dialéctica que le dicen.

Y por eso, escribiendo en LiberArce y en agosto, hablando de estudiantes y de revolución, reconociendo la amplitud y por lo tanto la imprescindible pluralidad de la tarea de construir organización, sustentar la unidad y desatar la lucha, hay que hablar de la UJC.

Es que en eso ha estado, está y estará la UJC. Para eso nació en 1955, hace 58 años. Para contribuir a forjar la fuerza social de la revolución, para incorporar masivamente a los jóvenes a la revolución.

En este nuevo aniversario de la querida UJC, con toda su historia, con su heroísmo, con su compromiso democrático, unitario, frenteamplista, hay tanto para decir, y seguramente será dicho. Las tareas de profundizar y defender los avances de los gobiernos nacionales y departamentales del Frente Amplio. La batalla contra la derecha y el poder evitando la criminalización de los jóvenes. La defensa de la Educación Pública y su transformación. La conquista de nuevos derechos y libertades, para los jóvenes y para todos. La participación decidida en la lucha de los trabajadores. El compromiso internacionalista y antiimperialista y por lo tanto solidario con los pueblos hermanos y sus luchas. Todo ello es debatido con pasión y también defendido con militancia, con lucha.

Pero en este 58 aniversario de la UJC quizás el mayor desafío planteado sea el enunciado, incorporar masivamente a los jóvenes a la perspectiva de la revolución. Con los métodos de hoy, con el lenguaje de hoy, incluso con las formas de hoy; pero con ese objetivo.

No hay manera de disputarle el poder a las clases dominantes, no hay manera de derrotar la estrategia imperialista en el continente, es decir de ser antimperialisa en concreto y no para la tribuna, si no se defiende la unidad social y política del movimiento popular, sino se evita la restauración conservadora y se gana las elecciones con el FA, y sobre todo, si no se coloca en el sentimiento, los sueños y la pasión de esta generación la perspectiva de la revolución.

En eso andan, esforzados, ilusionados y comprometidos los militantes de la UJC y con ellos, cientos de gurisas y gurises. Hay que poner todo para apoyar ese esfuerzo, todo, con menos no alcanza.

Gabriel Mazzarovich

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