Editorial: 45 años de la muerte de Liber Arce

martires_1 Este año, en este nuevo mes de agosto se cumplen 45 años de la muerte de Liber Arce.

Liber murió en defensa de la democracia y reivindicando las propuestas del movimiento estudiantil, en arduas jornadas de lucha popular contra un gobierno autoritario, prepotente y de gatillo fácil. Fue asesinado por la espalda por un policía.

La muerte de Liber no fue un episodio aislado ni accidental, era parte del escenario que venía preparando la derecha de nuestro país junto a los EEUU. La represión abierta y siniestra era uno de los pilares fundamentales de la política de gobierno, conformando lenta y sangrientamente el Terrorismo de Estado que tanto sufrimiento y dolor le causó a nuestro pueblo.

Líber Arce era estudiante de arquitectura, había ingresado en la Escuela de Prótesis Dental de la Facultad de Odontología para poder seguir con su carrera. Tenía 28 años. Trabajaba en la feria con sus padres. Era además un activo militante del Centro de Estudiantes de Odontología y de la FEUU. También militaba en la UJC desde los 19 años. Lamentablemente, la muerte de Liber no iba a ser la única, se sumarían en un corto tiempo decenas de estudiantes que morían defendiendo la libertad y los sueños de vivir en una sociedad más justa.

marcha_martires-estudiantiles_sldAsí, el 14 de Agosto se inscribió para siempre como el día de los mártires estudiantiles, como un día de lucha, de recuerdo, de rebeldía y de proyección histórica del movimiento estudiantil.

La lucha de ayer es, con sus cambios, variaciones y diferencias, la lucha de hoy. Claramente los escenarios son otros, pero la esencia de la lucha no caduca en la temporalidad.

Hoy estamos en medio de un segundo gobierno del Frente Amplio, con sus grandes aciertos y también con sus retrasos. Pero como ayer, no concebimos el desarrollo de los cambios desde la comodidad, la quietud o el aventurerismo. Concebimos los cambios como una acción necesariamente colectiva, que requiere de mucho compromiso y sobre todo de una visión global e integradora, que permita analizar la realidad desde su complejidad para su superación. Los reduccionismos conceptuales y la búsqueda de atajos suelen ser malos consejeros para el desarrollo de la lucha social. Por tanto, mal que les pese a algunos, el movimiento estudiantil es independiente respecto al gobierno, pero ello no se puede confundir con prescindencia respecto a él. Para lograr diferenciar las dos cosas se precisa de madurez, de aquella alta cualidad a la que tanta mención hacía Enrique Rodríguez. No es prescindente porque el movimiento estudiantil es parte del proceso de acumulación, es parte de la construcción del bloque de cambios, y eso lejos de quitarle responsabilidades le plantea tener definiciones claras, sin vacilaciones.

La actual lucha que se está llevando adelante en la Educación en primer lugar es justa y segundo, es necesaria. El país requiere de un proyecto educativo serio, con aspiraciones programáticas y visión estratégica. Un proyecto educativo que logre superar los serios retrasos que existen en el sistema educativo, donde haya involucramiento de todos los actores, de todos.

La reforma que la Educación necesita, no surgirá desde los fríos escritorios mesíacas ni desde el foquismo y la adjetivación. Se forjará si hay protagonismo de las más amplias masas o no habrá proyecto transformador. Tampoco habrá proyecto si la discusión radica exclusivamente en aspectos presupuestales.

No vacilar implica ser críticos, y la crítica implica valorar todo el tablero de la jugada, no solo una parte aislada del conjunto. Es fundamental señalar no solo los retrasos del Gobierno, también hay que señalar las conquistas, que son del pueblo. El Frente Amplio asumió luego del Uruguay “divertido” de Batlle, Lacalle, Larrañaga y Bordaberry. Un Uruguay donde campeaba la pobreza y la miseria extrema, los asesinos y torturadores paseaban por nuestras calles impunes frente a nuestra mirada. Decenas de uruguayos se exiliaron del país, miles perdieron su fuente de trabajo, los salarios caían a pique, se recortaba el gasto social, las fábricas seguían cerrando y se fundía el país.

Mientras ellos se divertían, nosotros llorábamos de indignación al saber que en nuestro país había niños que comían pasto, o al ver familias que se despedazaban porque perdían lo poco que tenían. Ese era el Uruguay, hoy el Uruguay es otro, ha cambiado sustancialmente. Hoy contamos con un Sistema Nacional Integrado de Salud, hay consejos de salarios y negociación colectiva, aumentó significativamente el presupuesto de la Educación Publica, alcanzando una cifra record que debe seguir ascendiendo para alcanzar el 6 % del PBI. Se está discutiendo sobre cómo democratizar los medios de comunicación con todo lo que ello implica, se han re-abierto fábricas -muchas de ellas gestionadas por los propios trabajadores-, se condenó a prisión a los responsables de la muerte de Nibia Sabalsagaray y Ramón Peré, mártires del movimiento estudiantil.

Por cierto que todavía hay mucho por hacer, como cierto es también que podríamos haber avanzado más. Sin dudas. Ahí radica el gran desafío. Asumir que los cambios no vienen solos, que no hay aceleración posible sin sustancia política, que es fundamental nuestro aporte y compromiso. Que nuestras individualidades deben formar parte y estar enmarcadas en las grandes definiciones colectivas. Así seremos más libres, así seguiremos construyendo la sociedad que soñaron los mártires estudiantiles.

 liberarce lldld

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