40 años de la heroica Huelga General: entrevista a Wladímir Turiansky

turiLiberArce entrevistó a Wladímir Turiansky, histórico dirigente sindical uruguayo, uno de los fundadores de  la CNT. En la época previa al Golpe de Estado y la Huelga General, fue miembro del Secretariado de la CNT, teniendo a su cargo la secretaría de propaganda de la Central Nacional de Trabajadores.

En una extensa conversación, nos explica el contexto que desenlaza en el golpe y la Huelga General, los hechos principales de los 15 días de resistencia obrera y la necesidad de recuperar para la memoria colectiva uno de los hechos más destacados en la historia de nuestro movimiento popular.

¿En qué contexto se da el Golpe y la Huelga General? ¿Cómo fue el proceso que desembocó en eso?

– Hay una cierta continuidad en el tiempo. En realidad, en el año 72 y 73 se descarga todo, pero la crisis y la violencia social derivada de la crisis llevaba ya unos cuantos años, prácticamente desde los tiempos de Pacheco; o si se quiere un poco más atrás, cuando accede al gobierno el sector herrero-ruralista del Partido Nacional, con una política orientada a trasladar lo más que pudieran de las tasas de acumulación de ese período al sector ganadero en detrimento del sector industrial, que hasta ese momento había sido el beneficiario, y por supuesto, vaciar los bolsillos de los trabajadores. Porque además, otros recursos no tenían, porque la crisis económica ya estaba instalada.

El contexto de conflictividad social en los años del pachecato se mantuvo, con algunos intervalos derivados del proceso político, un cierto paréntesis cuando el proceso electoral, en las elecciones del 71. Pero los problemas de conflictividad, de respuestas represivas, de medidas de seguridad como mecanismo permanente de funcionamiento; fijate que Pacheco gobierna con medidas de seguridad prácticamente todo el período, arranca en junio del 68, después de la muerte de Gestido y la primer medida es la congelación de precios y salarios, que no solamente apuntan a consolidar ese proceso sino que además suspenden las garantías, ponen en jaque los derechos sindicales, laborales y las libertades en general.

De manera que, ante esto, hay un proceso de lucha. También está la presencia de un movimiento guerrillero, del MLN, que en aquellos años adquiere cierta relevancia, precisamente porque en el marco de esa conflictividad, naturalmente algunos sectores de la población y sobre todo gente joven, se orientaba a encontrar en la lucha armada las posibilidades de terminar con esta situación.

Ese doble aspecto de la realidad estuvo presente hasta el Golpe de Estado, o un poco antes, porque desde que el propio Pacheco Areco en el 71 convoca a las Fuerzas Armadas para terminar con la guerrilla tupamara, y en el 71 y 72 opera el Ejército como tal y descabeza toda la estructura militar del MLN, a la altura del 73 ya el aspecto militar del MLN estaba muy disminuido.

turi2Hay una cosa que me parece importante recalcar. Siempre se habla de la responsabilidad de los militares en el golpe -que la hubo, sobre todo de los mandos conservadores y reaccionarios del Ejército- pero hay una derecha cívica-política que gobernaba el país para los intereses de lo que en aquel entonces llamábamos la rosca oligárquica, que es la que impulsa saltearse la Constitución de la República de tanto en tanto. O sea que no arranca en el año 73, arranca en la década de los 60 este proceso.

Esa derecha se enfrentaba a un pueblo muy organizado y que venía logrando avances en la construcción de su unidad, ¿no?

-El problema central que ellos tenían era cómo distribuir la torta en un período de crisis. La crisis se instala en el país en el año 58, y se agudiza cada vez más. Entonces hay una disputa porque la tasa de acumulación comienza a reducirse, la apropiación de esa tasa por parte de los sectores dominantes genera la disputa entre ellos, y de ellos con la clase trabajadora, dado que la querían obtener a partir de la pérdida del salario de los trabajadores.

Hay un estudio económico de Gonzalo Pereira que demuestra que, a lo largo de 14 años, del 71 al 84, el salario de los trabajadores disminuyó permanentemente, año tras año, hasta reducirse en un 60% con respecto al del año 71, que ya de por sí fue recortado a partir de la congelación de salarios.

Claro, teníamos un movimiento obrero organizado y con mucha polenta, era muy difícil meterle la mano en los bolsillos a los trabajadores sin que hubiera resistencia y lucha, por eso la cantidad enorme de huelgas y de paros que se hicieron en ese período. A cierta altura, me parece que llegaron a la conclusión de que con esas medias tintas desde el punto de vista institucional, no resolvían el problema. Y pasaron a la etapa del Golpe de Estado.

Es bueno señalar no solamente los factores internos, también en ese período jugaba la estrategia militar norteamericana en la región, estábamos en el marco de la Guerra Fría, de la confrontación entre dos sistemas sociales. Para Estados Unidos, América Latina seguía siendo su patio trasero, pero se da un cambio de estrategia. Se sustituye el concepto de seguridad hemisférica, que implicaba que ellos se hacían cargo de la seguridad del continente; por la doctrina de la seguridad interna, que encomienda a los ejércitos de cada uno de estos países la tarea que ellos se imponían hemisféricamente antes.

Era clara su definición del enemigo a combatir en el conjunto de la región, era el comunismo y todo lo que le pareciera aledaño. El comunismo era el movimiento sindical, el comunismo era la Universidad; todo lo que sonara a disidencia con el sistema era el comunismo.

Acá incluso los milicos tenían la doble definición de sedición y subversión. La sedición era la acción tupamara. La subversión era todo lo que el Partido Comunista tenía como medio de influencia y de acción, en la Universidad, en los gremios, en la vida social, en la cultura.

En ese marco es que llegamos al 73. Antes habíamos tenido elecciones en el 71, que fue una especie de cuarto intermedio en la represión, en las elecciones el gran temor de la derecha era que el Frente Amplio, que había nacido meses antes, alcanzara el poder. Se engañaban ellos y nos engañábamos nosotros que pensábamos que estábamos al borde de alcanzar la victoria. Pero ellos prepararon las condiciones para enfrentar la eventualidad de un triunfo del Frente Amplio, incluso con acuerdos con el ejército brasilero y qué sé yo. Pero bueno, se hacen las elecciones, el Frente alcanza el 18% del electorado, y la vida institucional sigue su curso. Hasta que ocurren los acontecimientos del 72. Ese año, en abril, ocurrieron dos cosas que además, ponen de relieve las contradicciones entre dos tácticas del movimiento popular: la táctica de la acción política y de masas que era lo que el Partido Comunista venía desarrollando; y por otra parte, la táctica del foco, promovida por el MLN, que apuntaba a crear las condiciones que de alguna manera desataran la violencia popular.

El 13 de abril, se realiza un paro general de la CNT, que tuvo una repercusión extraordinaria por el nivel de adhesión. Fijate que el 1º de marzo asume el gobierno y el 13 de abril se hace el paro, que tuvo repercusión en el país y en el exterior de que la fractura entre el gobierno y el movimiento popular era muy grande.

El 14 de abril ocurre el ajusticiamiento por parte del MLN de los cuatro supuestos miembros del escuadrón de la muerte y la represalia de las Fuerzas Conjuntas que matan ocho tupamaros, no eran enfrentamientos, los ubicaban, los iban a buscar y los mataban.

Luego siguen con el asalto a la casa del Partido y el asesinato de ocho militantes comunistas en la 20. Aquí se genera un cuadro en los que los sectores reaccionarios del ejército y del gobierno apuntan a desatar la violencia que les posibilitara avanzar descarnadamente la represión y adelantar de alguna manera lo que fue el golpe, lo que Arismendi llamó en algún discurso “los intentos de guatemalizar la vida del país”, tomando como referencia la situación de Guatemala, aquella matanza terrible que se dio.

El Frente Amplio tenía una consigna que fue enunciada por Seregni, “paz para los cambios y cambios para la paz”, es decir, los cambios necesarios para conservar la paz, y la paz imprescindible para desarrollar los cambios.

Como consecuencia de los hechos de abril, el gobierno decreta el estado de guerra interno, una figura que no existe por ningún lado en la Constitución de la República, que implicaba la suspensión de todas las garantías y prácticamente el pasaje de la justicia a la esfera militar. Luego se sustituye el estado de guerra por la Ley de Seguridad del Estado, que en la práctica consolidaba esa tendencia, todos los derechos estaban cuestionados y un poder militar al que se le encomendaba no solamente el accionar propiamente militar sino también una capacidad de juzgar a las personas que detenía, se sustituía el poder judicial por la justicia militar, que sabemos cómo es, subordinada a los poderes militares.

De manera que el panorama estaba ensombrecido.

Se veía, digamos, una alta probabilidad de íbamos hacia un golpe de Estado.

 ¿Qué hace el movimiento sindical ante este panorama?

– En el movimiento sindical ya teníamos la resolución que, frente al Golpe de Estado reaccionario, nosotros respondíamos con una Huelga General, la ocupación de los lugares de trabajo y el estado de asamblea.

En ese sentido, en los años previos en los que ya existía ese clima que yo les contaba, su fue buscando preparar las condiciones para que esa consigna fuese real, no simplemente un eslogan. Así que se estuvo trabajando mucho en esos años, particularmente en el 72 y en el 73, para que los sindicatos tuvieran todos los medios para trabajar en la clandestinidad: comisiones directivas sustitutas por las eventuales detenciones de los dirigentes, locales y casas para reunirse, mimeógrafos con los cuales sacar la propaganda, depósitos de papel, máquinas de escribir, todo lo que fuera para sacar información. También alimentos, había que asegurar que en las ocupaciones les llegara el alimento a los trabajadores. Bueno, un montón de cosas.

huelgaCNTEs más, bajo la dirección de Félix Díaz (que era secretario de organización de la CNT), se hizo como una especie de ensayo general, o sea, cómo se haría la ocupación de los lugares de trabajo en caso de golpe de estado. De manera que es mentira cuando se dice que fue espontáneo y que fue sobrepasando la voluntad de los dirigentes sindicales. Es una canallada esa afirmación.

Y bueno, cuando se anuncia el Golpe de Estado, que se da en la madrugada del 27 -en la tarde del 26 ya circulaba esa información entre los partidos políticos, de que se iban a disolver las cámaras-, nosotros establecimos algunas cuestiones, de modo que la CNT pudiera funcionar con un comando más restringido y lugares donde reunirnos.

El 26 por la noche nos instalamos en el local de la Federación del Vidrio, allá en La Teja. La habíamos elegido por dos circunstancias; la primera, porque la Federación del Vidrio era un baluarte en aquella época para el movimiento sindical. Era gente de la más absoluta confianza, los fondos del local sindical daba a la fábrica de vidrio, existían opciones de salida por varios lugares en caso de necesitarla, y había toda una infraestructura que facilitaba una reunión con esas características. En segundo lugar, porque era La Teja, era un barrio que sin ninguna duda inspiraba confianza, casi se podía decir que caminar por La Teja era caminar por una ciudad libre, por el respaldo que había, la solidaridad del vecindario; incluso contaba Antonio Iglesias cuando los fueron a desalojar, los vecinos salieron y se ponían delante de los camiones del Ejército, porque los cargaban a los trabajadores para llevárselos.

Así que estuvimos ahí desde la noche del 26, elaboramos un llamamiento a la ocupación para tenerlo pronto para su distribución cuando se confirmara que se procedía a la disolución de las cámaras y a la suspensión de las garantías.

Eso se fue haciendo y las fábricas y los lugares de trabajo se fueron ocupando. Y comenzó la Huelga.

 ¿Cómo fue la respuesta en torno a la huelga en el ámbito político?

Lo que se organizó, digamos, fue una solidaridad política con la Huelga pero no la participación activa junto a los trabajadores. Por ejemplo, el mitin del 9 de julio, lo organiza el Frente Amplio con el sector ferreirista del Partido Nacional, más la FEUU y alguna otra organización popular. Pero no hay ninguna organización prevista para ir sumando fuerzas para la resistencia obrera. O sea que la Huelga, que podía tomar otras características si se sumaban otras fuerzas, se fue consumiendo en esa resistencia, hasta que en un momento hubo que balancear si convenía que eso terminara en la derrota del movimiento sindical, o un repliegue que posibilitara adquirir otras formas para la resistencia como efectivamente se hizo.

Hay una excepción a esto que fue la Universidad, que estuvo en la resistencia desde un primer momento, sobre todo los estudiantes.

 Durante la Huelga hubo muchos servicios que quedaron bajo el control de los trabajadores, ¿no?

– Sí… eso es relativo. Porque hubo muchos lugares que se militarizaron. Fueron los militares y desalojaron a los trabajadores. En UTE, por ejemplo, estaba la marina, en la telefonía estaba la Fuerza aérea, en el agua estaba el Ejército.

Nuestra idea originaria era mantener los servicios esenciales, pero el control de eso no lo teníamos en la medida que los trabajadores eran desalojados de los lugares de trabajo y muchas veces los llevaban presos. Quizá habría control obrero en los hospitales o en algún otro servicio de esa naturaleza.

Todo estaba condicionado al trámite de la Huelga. Teníamos algunas disposiciones que permitirían profundizar el carácter de la Huelga, darle otro sentido en la medida que percibiéramos que había un clima social que permitiera transformar eso en una cosa más aguda, no sé si decir insurreccional pero…

También hubo otras medidas, se apagó la llama de la refinería de Ancap…

– Eso fue una medida más bien simbólica. Todo el mundo miraba y decía “¡Se apagó la llama! ¡Se apagó la llama!”

Al poco tiempo de decretada la Huelga les pide una reunión Bolentini, el Ministro del Interior, ¿cómo fue eso?

– Fue al otro día. Bolentini convocó a los dirigentes de la CNT para negociar el levantamiento de la Huelga. Él quería encontrar cosas que posibilitaran el cese de la Huelga, hablaban de aumento salarial y qué sé yo.

Entonces se hizo una primera entrevista donde se planteó cuáles eran los objetivos de la Huelga, y Bolentini propone algunas cuestiones relacionadas con la política salarial.

Los compañeros que fueron a la entrevista quedaron de hacerle llegar la respuesta por escrito.

La respuesta fue una carta que reivindicaba, en primer lugar, para el levantamiento de la huelga, la vuelta a la normalidad institucional, la libertad de todos los presos, la vuelta al trabajo, la reinstalación del Parlamento y, por supuesto, las soluciones a los reclamos de los trabajadores.

Ya se había enrarecido el ambiente, porque cuando se fue la segunda vez a buscar la respuesta, Bolentini estaba con el comando del Ejército, preparando el decreto de disolución de la CNT y el requerimiento de los dirigentes. Así que por suerte los compañeros no llegaron a entrar al ministerio del Interior.

Bolentini era un hombre que aparecía como el negociador del gobierno golpista. Intentó después hacer una reunión en la Sala Verdi, con algunos dirigentes sindicales que no habían sido requeridos, a los efectos de organizar una nueva estructura sindical, al margen de la CNT, que fracasó. Ellos pensaban que hablando con dirigentes que tuvieran disidencias con la conducción central de la CNT, ellos podían liquidarla, meter presos a sus dirigentes y estos disidentes formarían un sindicalismo independiente.

La respuesta de esos compañeros fue que ellos no trabajaban con carneros, que la única organización sindical de este país era la CNT y que no había más perro que el chocolate.

No lograron romper la unidad que se había generado en la CNT, a pesar de las disputas ideológicas que se tenían, que eran bastante más duras que las que puede haber hoy, porque eran más ideológicas. El debate era my duro, de confrontación ideológica y de tácticas; pero primaba siempre el aferrarse al concepto de la unidad. Así que a los milicos tampoco les dio resultado intentar dividir el movimiento.

 ¿Cuáles fueron los grados de represión frente a la Huelga?

Nosotros habíamos decidido no resistir las desocupaciones. Si venían las Fuerzas Armadas a desalojar, la fábrica se desalojaba, porque tirar una piedra contra una bala no es negocio. Pero en cuanto se pudiera, se volvía a ocupar.

Además las Fuerzas Armadas desalojaban con la orden de presentarse al día siguiente a trabajar. Si se iban las Fuerzas armadas, al día siguiente, la fábrica estaba ocupada nuevamente. Eso ocurrió en varios lugares y varias veces. Se aburrieron los tipos, justamente una cosa que no se pensaban era que desalojaban un lugar y después tenían que desalojar otra vez. Salvo en alguna oportunidad, que las hubo, no se utilizó la violencia para desalojar los lugares de trabajo, principalmente porque nosotros no les dimos pie para eso.

Sí hubo muchos dirigentes presos, en esa época muchos compañeros de la dirección iban cayendo en la actividad militante, trabajábamos ya en la clandestinidad.

También había, mucha represión en las calles, la resistencia en la calle que se expresaba por la vía de las volanteadas, de las pintadas, de los mitines relámpago.

 A 40 años de la Huelga General, ¿cuál piensa usted que es el legado histórico más importante que dejó para el movimiento popular uruguayo?

– Pasa que a veces uno atribuye todo a eso. Y algo de verdad hay. Uno dice “mirá, todo lo que tenemos hoy es porque fuimos capaces de resistir en el 73“. Pero de alguna manera, en situaciones de ese tipo, cuando un golpe se produce y no hay resistencia -la que fuere-, entonces el desánimo produce después retrocesos. En cambio cuando la gente tiene ese sentimiento de que resistió y que luchó, y eso después se transforma en una especie de gesta, eso ayuda a la recomposición del movimiento. Fijate que fueron 12 años en los que vos estabas ahí y no podías hacer nada que no fueran cosas pequeñas, en realidad. Hasta los 80, todo era sudar la camisa y arrimar un poquito de acá y de allá, con la propaganda, hacer una concentración los 1º de mayo, pintar los muros.

Si uno mira esos doce años, en los que parece que después de esa fractura tan grande había que arrancar de nuevo; resulta que la botijada que arranca en el 83, arranca con las mismas ideas de un movimiento sindical clasista, independiente, con necesidad de unir fuerzas, eso que fue el PIT, en ese 1º de mayo del 83 que tuvieron una respuesta del pueblo que fue algo maravilloso.

A mí me parece que es algo realmente simbólico que aquella consigna de 1958, “obreros y estudiantes, unidos y adelante”, es la misma que aparece en la pancarta gigante en el 83, por muchachos que ya no eran aquellos. Eso le dio continuidad al movimiento popular, posibilitó que en algún momento esa resistencia acumulada fuera ganando la calle. Yo creo que es ese el sentido.

Por eso creo que no hay que olvidar esto. Hay una cierta tendencia que dice que no podemos siempre estar machacando con lo mismo; a mí me parece que sí, que tenemos de encontrar la manera de que eso se transforme en una gesta del pueblo uruguayo, que se recuerde, que sirva de ejemplo, que se comente e los liceos, en fin, que no se pierda porque fue una de las cosas más grandes del movimiento sindical y popular en el Uruguay. Son cosas que no debiéramos perder.

Luis del Puerto

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