LiberArce entrevista: Aurelio González, testigo de la Huelga General

entrevista al aurelioLiberArce entrevistó al “gallego” Aurelio González en ocasión de los 40 años de la Huelga General. Nos recibió en su casa con mucho cariño y con la humildad que lo caracteriza siempre.

Aurelio es fotógrafo y ha entrado en la historia grande de la fotografía, pero ante todo es un militante que, cámara al hombro, registró los hechos más relevantes de lo que fue, quizás, la página más heroica que escribió el pueblo uruguayo.

A modo de introducción, hablamos sobre los negativos, sobre esa historia en imágenes que estuvo más de 30 años escondida en un oscuro pasadizo del edificio Lapido -donde se editaba el diario El Popular- hasta que por fin pudo ver la luz.

Al respecto, Aurelio nos contaba: – Nosotros tuvimos la precaución de archivar, durante muchos años, todas las cosas que iban ocurriendo en el Uruguay. En El Popular se registraban los hechos de todos los días para ser publicados en el mismo instante, y aquello, que tú lo sacabas sin mayor pretensión, resultó ser un registro histórico. Los negativos fueron escondidos un 6 de julio de 1973 y fueron encontrados después, a los treinta y algo de años. Esa historia tuvo un final feliz porque, de alguna manera, hemos dado luz a muchas cosas, a eso que es el registro de nuestra mejor historia… sin ningún mérito nuestro, nosotros estábamos trabajando, más que trabajando estábamos militando, esa es la verdad. O sea, nuestro salario era muy bajo pero vivíamos con la alegría del militante, de hacer las cosas, de documentar. Yo me quito mérito porque iba con tanta alegría que no me costaba nada ir…si yo iba cantando. No soy protagonista de nada, fui simplemente un testigo pero no un testigo de ver pasar las cosas sino un testigo de otro tipo… después de todo era fotógrafo de un diario y no de cualquier diario, era el diario de los comunistas.

huelgaCNTEsos negativos, junto a otra clase de archivos y testimonios son una muestra clara de la realidad que se vivía en el país. Por un lado estaba el fascismo, que a base de desapariciones, torturas y asesinatos fue instalándose en el poder; y por otro lado el pueblo, defendiendo con su propia vida la libertad, la democracia y la justicia.

– Fueron años muy especiales… de mucha lucha, de mucha entrega, de mucha solidaridad y compañerismo. Y también fueron años de mucha represión. La represión no se dio solamente en la Dictadura (en ella fue más feroz); antes de la Dictadura, con los gobiernos “democráticos”, existieron medidas de seguridad muy fuertes, donde los dirigentes sindicales eran perseguidos, donde las fuerzas armadas o la policía podían allanar cualquier lugar… entonces nosotros, en el diario, adquirimos como un oficio de esconder negativos, no fuera cosa que vinieran y se llevaran nuestros archivos para destruirlos. Y cuando el golpe cívico militar, aquel 27 de junio, nosotros tratamos de sacar fotos de ese hecho. A mí me tocó cubrir la última sesión en el senado -creo que fui el único fotógrafo que estuvo allí- y me tocó salir con los senadores y funcionarios del Palacio Legislativo. Serían las dos de la mañana, fue una madrugada muy fría, rodeada por el ejército, con tanques y camiones cargados de soldados, de militares… Cuando los vi tirados cuerpo a tierra con fusiles de asalto, contra hombres y mujeres que salían con sus portafolios y papeles, me dio la sensación -aunque te parezca mentira o te suene ridículo- que estaban jugando a la guerra porque del otro lado nadie tenía armas de fuego.

La respuesta que le dio el movimiento sindical al golpe fascista fue la Huelga General, se paró el país durante 15 días. En esa misma madrugada fría que mencionaba Aurelio, los trabajadores iban saliendo a ocupar las fábricas, los bancos, los sanatorios, los frigoríficos, el ferrocarril, el puerto, etcétera, mientras que los estudiantes ocupaban liceos y facultades…

– La respuesta, la verdad, fue de una disciplina ejemplar… Esos trabajadores, civiles, pacíficos, hombres y mujeres que iban a trabajar para ganar su salario, para sustentar a su familia, para pagar el alquiler, la alimentación, la ropa y mil cosas más, enfrentaron a los dictadores con su sola presencia dentro de la fábrica, ocupándola… Y yo me dije, “esto es increíble, no puede ser, Cartel 4 (3)está pasando un hecho demasiado fuera de lo normal como para no registrarlo”. Entonces plantee mi punto de vista y le dije a Eduardo Viera (director del diario), “sinceramente creo que nosotros de alguna manera tenemos que ir a registrar los hechos que están ocurriendo -sobre todo los fotógrafos-, va a ser formidable”, y así se entendió, y esa misma madrugada salí para las fábricas y fíjate tú que no había transporte, no había nada, había que hacerlo caminando, y bueno, para mí, lógicamente, fue inolvidable!

De alguna manera me fui contagiando de todo lo que ocurría en las fábricas. ¿Te das cuenta lo que significaba llegar a esas fábricas cerradas a cal y canto? Cuando llegabas te reencontrabas con compañeros y compañeras que anteriormente tú habías ido a ver por otras cosas (por un problema salarial o un problema de despido o una ocupación de características distintas). Pero lo que te maravillaba era ver la capacidad de organización que tenían… Estaban las madres -muchas eran madres solteras o divorciadas-, esas madres trabajadoras que se iban con los hijos a la fábrica a ocupar… Tampoco era fácil encontrarse con bebitos de pocos días, pero había mucha organización. Ahora cierro los ojos, muchas veces, y me pregunto: “qué será de esos muchachitos que ahora deben de tener 40 años y quizá no sepan que cuando tenían poquitos meses fueron también huelguistas ocupando con sus mamás”.

Mientras nos relataba estos hechos, Aurelio se mostraba visiblemente emocionado. Era como si al recordar lo sucedido durante esos 15 días se estuviera trasladando en el tiempo y a su vez nos trasladara a nosotros. Fue realmente conmovedor escuchar de su voz todo aquello… Continuó su relato refiriéndose a la necesidad que tenían los trabajadores de saber qué era lo que ocurría en lo demás lugares de trabajo, en los demás centros de estudio, y en ese sentido nos contó sobre una idea que tuvo…

– Cuando llegué de noche al diario, después de haber recorrido mucho durante dos o tres días, me encontré que había en los compañeros la misma inquietud que había en las fábricas: “¿qué está pasando en Montevideo?” Yo llegué eufórico, contagiado por los compañeros y las compañeras, y lo que hice fue transmitirles el fervor que los obreros me habían transmitido a mí, ni más ni menos, aquí no hay mucho misterio. Entonces, los compañeros se fueron acercando y yo con toda esa adrenalina que traía… Me dijeron, “qué está pasando” y en vez de contestarles, me salió decir (muchas veces no lo cuento porque me siento un poco ridículo) algo así como: “Viva la huelga y viva la ocupación! Y vamos a redacción porque traigo una idea brillante!”.

f04Luego nos reunimos en el gran salón que oficiaba de sala de redacción. Había mucha ansiedad, entonces yo como venía con todo eso de estar con los compañeros dije otra vez, “ya lo dije al entrar, viva la huelga y viva la ocupación pero digo más, tenemos que convertirnos en diarios orales… Los compañeros dirigentes de la Central de Trabajadores no van a poder llegar a todos los lugares, ni se van a poder repartir todos los volantes, pero nosotros podemos ir y hacer de diarios orales con una ventaja sobre los demás… estas fotos que acabo de sacar las voy a revelar y los que vayamos a las fábricas, a las facultades, a los liceos iremos con fotos y le diremos a los compañeros y compañeras qué es lo que está pasando con las fotos en la mano”. Hubo aceptación de hacer eso y salimos en dos o tres grupos de dos personas para recorrer las fábricas e ir informando… La verdad que fue algo extraordinario…

También hay que decir que se pasaron momentos muy duros… Hubo torturas, capuchas, desconexión de la familia, no saber de los hijos… todo eso fue muy dramático… pero el espíritu con el que vivieron los trabajadores realmente fue increíble… lo hicieron con una prestancia! La gente salió con coraje a manifestarse una y varias veces por las calles, y lo hacía con los fusiles que les apuntaban, y pasaban por delante de los dictadores con los puños levantados en alto, o sea, la gente se jugaba.

Fueron miles y miles los trabajadores y estudiantes, hombres y mujeres, jóvenes y viejos los que resistieron -sin armas y con mucho honor- los embates de los golpistas, e hirieron profundamente al fascismo que, a partir de aquellos 15 días, fue condenado a muerte…

– Todas estas cosas, y mucho más, acontecieron en aquellos días tan especiales, tan tensos… Y para los que la vivimos es una historia inolvidable! Qué bueno que hoy siga existiendo esa inquietud de querer saber lo que pasó, de querer que esta historia no se muera con nosotros.

Marcos Sotelo

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