Regularizar el cannabis

cannaEl debate en torno a la marihuana no es nuevo. En nuestra sociedad se viene dando desde hace mucho tiempo, por momentos de manera más encubierta y por otros, como en la actualidad, el debate se da abiertamente en todos los espacios.

Esto último, de por sí constituye un avance, aunque es cierto que en algunos episodios se intentó ridiculizar la discusión para desacreditar la propuesta de regulación.

Corresponde entonces centrar la discusión colocando encima de la mesa argumentos serios y sostenibles. En este sentido, hay tres motivos significativos por los cuales regularizar la marihuana. Los tres se enmarcan dentro de una política de izquierda: la lucha contra el narcotráfico, el cuidado de la salud de los usuarios y la lucha contra la estigmatización.

Como es sabido, el narcotráfico es consecuencia del deterioro social y éste, a su vez, es un elemento que profundiza y potencia la pauperización de la sociedad. No se puede desconocer que en nuestra América Latina, es uno de los factores que mas incide directamente en la generación de violencia social, siendo de los principales responsables en el aumento de las tasas de homicidios. Solo en México, se estima que desde el año 2006 a la fecha han muerto más de 70 mil personas por este flagelo.

cannabEsto lleva a pensar que, si queremos reducir la violencia, romper con el continuo proceso de enriquecimiento del narcotráfico que lo ha profesionalizado y hecho más poderoso, entonces hay que regular. Lo cual no significa que haya que “legalizar” el resto de las drogas, solo regulando la marihuana el impacto sería muy fuerte debido a que es la droga ilegal más consumida en el mundo por lejos.

Así, la regulación del cannabis busca debilitar al narcotráfico restándole mercado, pasando el control y la regulación de la producción a manos del Estado. No así de la venta, de la cual se encargarían terceros con las correspondientes licencias otorgadas por los organismos o institutos creados para tales efectos. Esta medida no significa un traspaso mecánico de mercado. Hablando claro, no pretende sustituir un narco por otro, sencillamente, porque entre otras claras diferencias, el proyecto de ley no promueve el consumo de ninguna de las sustancias psicoactivas, promueve la reducción de daños y la prevención, y apuesta a un uso industrial y médico de la sustancia.

En cambio, el narcotráfico cosifica los consumidores, los controla y deshumaniza porque su único objetivo es aumentar el consumo y las ventas para aumentar su patrimonio y su poder. Como se señalaba al comienzo, el proyecto de regulación se preocupa por la salud del consumidor, asume una realidad y no se para al costado de la misma, la integra para su superación.

cannbiEn nuestro país, según datos del Observatorio Uruguayo de Drogas, uno de cada cinco uruguayos ha probado marihuana, y 18.700 son usuarios diarios. Se ha dicho como argumento contrario a la regularización que no se puede “legalizar” porque la marihuana es perjudicial para la salud. Sin entrar en una discusión en donde ni siquiera la comunidad científica se ha puesto de acuerdo, de lo que se olvida este argumento es de considerar que el consumo ya existe de hecho, que existe independientemente de que esté ilegalizada.

Esta situación de ilegalidad no permite que se lleven a cabo los controles necesarios sobre la calidad de la sustancia, lo cual pone en una situación de vulnerabilidad a quien la consume, generando riesgos para la salud de los usuarios.

Como ha quedado demostrado, la marihuana que hoy ingresa al país pasa por determinados procesos de elaboración que la hacen perjudicial debido a los productos químicos que se utilizan para prensar, secar más rápido, o para que pese más. Es el caso del amoniaco, el alquitrán, o el neopreno, entre otros.

cannabis1Frente a esta situación tenemos dos opciones como sociedad: o mirar hacia un costado, lo que implicaría dar manos libres al narcotráfico y al deterioro social, o por el contrario, asumir una realidad y trabajar para su superación. Preferimos la segunda opción. Si quienes están en contra del proyecto, efectivamente les interesa la salud de los usuarios de marihuana, entonces el mejor camino es la regulación. Porque habrá un instituto que se encargará de controlar la calidad de la sustancia, porque se desarrollará un proceso de prevención y promoción de la salud por parte del Sistema Nacional Integrado de Salud, porque se brindará asesoramiento a quienes lo entiendan necesario y porque abarcará planos educativos que tengan como objetivo reducir el consumo problemático de la sustancia, enmarcados en una política de reducción de riesgos y daños.

Todo esto, además está orientado de cara a romper los estigmas que existen en la sociedad sobre la sustancia, y particularmente sobre los usuarios de marihuana. No es casualidad que el recrudecimiento de la lucha de los estados contra las drogas haya sido en la década del 50 del siglo pasado. Momentos en los cuales, se producen significativos avances de los movimientos sociales que cuestionan con seriedad al sistema. Para descalificar sus posiciones, se acusaba fundamentalmente a los movimientos juveniles de ser sediciosos, drogadictos, inmorales, libidinosos, entre tantos calificativos que podemos encontrar si repasamos algunas páginas de prensa de aquellos años.

Aún menor casualidad es que las primeras legislaciones sobre drogas hayan sido durante la dictadura de Terra, y luego ajustadas por la dictadura cívico militar en el año 74. La estigmatización y la criminalización de la lucha social siempre han estado al servicio del poder.

La estigmatización se ha convertido en un mecanismo de defensa que produce la sociedad para que nada se altere, para que se aplaste lo nuevo mientras se afianza lo conservador, para que se mantenga el estado de las cosas. Es una forma de pensar y discutir los problemas sociales desde la descalificación, sin apostar al pensamiento crítico como promotor de los cambios.

Regularizar el cannabis tiene que ver con esto. Tiene que ver con ir dando pasos que nos permitan llevar a cabo un proceso de cambios con sentido de izquierda basados en la razón y no en los prejuicios.

 

Gerardo Núñez Fallabrino

Fotos:   Lois Artigas

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