LiberArce entrevista: Roy Berocay, creer en crear,y croar y croar

roy«Me llamo Roy Berocay. Tengo 36 años pero después voy a tener más. Soy medio tímido y uso barba para esconderme. Tengo esposa, cinco hijos y un perro que no me dejan afeitar y además de escribir libros trabajo de periodista. Por los libros me dieron unos premios que no voy a mencionar para que no digan que soy un agrandado. Soy uruguayo, de Montevideo, hincha de Wanderers y escribir es lo que más me gusta cuando no tengo nada mejor que hacer, como por ejemplo, ir a la playa y no hacer nada».

Algunas cosas cambiaron desde este prólogo de «Pateando Lunas» en 1991. Roy tiene algunos años más y menos barba. También ganó otros premios que no vamos a mencionar, para que no digan que somos alcahuetes. Ya no trabaja como periodista, pero sigue siendo uruguayo, bohemio, casado y padre de 5 hijos. Ahora también tiene nietos y les cuenta cuentos. Como a fines de los 80, cuando empezó a crear esas historias grandes, chiquitas, de todos los colores, que hicieron crecer a más de una generación. Es músico y escritor, además de ser el creador del sapo detective más famoso del arroyo Solís Chico. Berocay nos cuenta, café mediante, un poco acerca de su propia historia.

«Nací en la casa de una partera ahí por La Comercial. Vivíamos en Marsella y Garibaldi, frente a la plaza que da de un lado al Hospital Español», rememora Roy, recordando ese Montevideo de principios de los 60´.

La pregunta ineludible no se hace esperar. Conocer cómo nace su vínculo con la lectura nos acerca a un denominador común de muchos escritores: un problema respiratorio lo mantenía puertas adentro durante algunos días, donde pudo forjar su conexión con el mundo de los libros.

«De chico tenia bronquitis. Pasaba unos cuantos días que no podía salir y entonces mi vieja me compraba libros. Mi cuarto era como un altillo chiquito nque compartía con mi hermano y ahí leía revistas de historietas y libros, sobre todo una colección que se llamaba Robin Hood, y todos los clásicos juveniles: Mark Twain, Salgari, Julio Verne».

Sin embargo, esto no le impedía disfrutar de los juegos al aire libre y de la plaza frente a su casa.

«Me daban ataques cada tanto pero también era muy activo. Estaba bueno porque crecí con un lugar enorme frente a mi casa, por eso nunca tuve esa sensación de encierro de la ciudad. Estábamos todo el día jugando. Era cruzar, ir, venir».

Túnicas, moñas y rock and roll.

Su relación con la música nace también en la infancia. Tango, folclore, Frank Sinatra y los Beatles eran sus melodías cotidianas. Tenía un tío que formaba parte de una orquesta de jazz y una tía que tocaba el piano, con la que tomó clases durante un tiempo. Luego de vivir cuatro años en Estados Unidos, a los catorce regresó al país, instalándose junto a sus padres en Parque del Plata. Allí comenzó a formar una banda. Como no sabía tocar ningún instrumento, sus amigos le sugirieron que fuera el cantante. Roy decidió dar un paso adelante.

«Había conseguido una guitarra, entonces iba a mi casa y practicaba como poner los dedos. Con los primeros dos acordes que aprendí compuse una canción, y quedaron todos asombrados. Ellos no sabían componer. Eso fue a mis 15 años, 16. Ahí arranque y no paré más».

royberocayY no paró. «El Conde de Saint Germain», «La Conjura» y actualmente «Ruperto rocanrol», una banda de rock para niños donde toca junto a dos de sus hijos, Pablo y Bruno.

«Es lo mejor que hay, porque nos llevamos muy bien. Siempre digo que nosotros tocamos juntos porque ellos son muy buenos músicos, son mejores músicos que yo. Además ellos me relajan, me critican, me rezongan todo el tiempo, me bajan a tierra permanentemente».

Roy sonríe cuando cuenta las respuestas de los niños en los espectáculos.

«Hay un par de teatros que ya nos dijeron que no porque los niños se ponen a saltar, que arman mucho bardo y que no está bueno, pero ¿cómo no va a estar bueno? Nosotros queremos que salten. Revolean las moñas, empiezan a saltar, es un descontrol pero esa es la idea, que se diviertan».

Túnicas desarregladas, moñas oficiando de vinchas, muchas risas, gritos y saltos mezclados con el sonido del bajo, la guitarra, la batería y el teclado. «Ruperto rocanrol», al igual que la obra escrita de Berocay, no pretende enseñar grandes moralejas ni transmitir mensajes de modelos a seguir. La finalidad es divertir y emocionar desde la música y las palabras.

«Hay gente que cree que todo lo que se hace para niños tiene que ser educativo. Yo sostengo que el niño es inteligente y tiene derecho a que se hagan cosas artísticas pensando en él, pero no con el afán de enseñarle algo. Toda historia enseña algo, te lo propongas o no. Entonces, ¿por qué las historias infantiles están sobrecargadas? Además de contar una historia, ya de paso le enseñás a multiplicar, a lavarse los dientes, a cuidar al hermanito. Ese es el trabajo de los padres y de los maestros, no del escritor».

Derecho a jugar.

Con «Ruperto rocanrol», la banda realiza giras por teatros de la capital y del interior del país. Sin embargo, muchas veces las buenas iniciativas se ven empañadas por algunos obstáculos.

«Los centros MEC son herramientas que están buenísimas pero que se trancan muchas veces por la burocracia. Vos tocás para un Centro MEC y capaz demorás seis meses en cobrar. Un poco lo que le pasa a este gobierno. Hay muchas intenciones que se dan de frente contra el muro de la burocracia. Hay cosas que van a llevar mucho tiempo para cambiar».

Días antes de entrevistarnos con Roy, la comisión que promueve la baja de edad de imputabilidad entregaba 370 mil firmas en el Parlamento. La creciente estigmatización hacia niños y adolescentes se instala en la conversación.

«Las firmas, la baja de la edad de imputabilidad, todo para sacar rédito político de una cosa que está generada. Vos tenés la sensación de algo que no está ocurriendo. Ojo, está más jodido, nadie va a ser tan angelito. No hay que ser gil pero tampoco da para tanto», comenta Berocay.

Por otra parte señala las dificultades que acarrean la exclusión y la marginalidad.

«Hay que separar la pobreza de la marginalidad. Desde el 2000 y pico se dio un creciente proceso de marginalización más que de pobreza. La pobreza la podés combatir, de hecho se está combatiendo. La marginalización en cambio es más jodida, porque es una cosa mucho más interna, de valores, que no es tan fácil, que no la arreglás dándole a alguien una ayuda, un trabajo. Necesita de un proceso educativo, de un trabajo en los barrios, de un laburo mucho más pesado del que se está haciendo».

Historias que sorprenden.

royyBerocay trabajó muchos años como periodista. Su experiencia abarcó la Agencia Reuters, la sección cultural de Búsqueda y la revista Tres, entre otros medios. En esos años de oficio, el periodismo le proporcionó algunas herramientas a la hora de escribir. «Tenés que escribir todos los días. Eso te da una disciplina para escribir. Si vos pasas años y años armando frases y párrafos, cuando te sentás a escribir para vos eso ya te sale, fluye».

A la hora del proceso creativo, afirma que no hay una sola manera de crear una historia. Cuenta además que los personajes muchas veces lo toman por sorpresa. «Cuando arranco una historia no tengo ni idea como va a terminar. Hay un libro que se llama ‘Juanita Julepe y la máquina de olvidar’ donde hay un momento que un personaje descubre algo de otro personaje, algo que yo no tenía idea, y me agarró tan de sorpresa que yo caminaba por mi casa pensando ‘¿así que fulanita tal cosa?’»

Berocay continúa divirtiendo a sus lectores como lo hacía en la década del 80’. Desde ese entonces muchas cosas cambiaron y otras se mantienen. Ruperto sigue investigando misterios y junto a él, cientos de niños siguen leyéndolo en clase o antes de irse a dormir.

Muchos de ellos seguirán soñando con ser detectives, con tener su propia banda de rock o con «patear lunas», como muchos de nosotros lo hacíamos hace más de veinte años atrás.

                                                                                                                                                                                                                Laura Seara

• Título: verso del poema «Habría» de Oliverio Girondo.

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