Disidente del Rock

taba“Juro haber transitado el pentagrama / sin la mínima noción de semifusas / ni confusas corcheas, ni de claves. / La mano vino de rock / pudiendo haber sido solo rabia. / Con los parlantes al mango / y nuestro desencajado corazón a ritmo / el amor crudo y las caricias viceversa / pegando un cambio porque había que pegar / sobre el tambor percutiendo la cabeza / y ese aburridísimo riff que se repite. / Lo demás fue de esperanza. / De balas como notas desquiciadas / bemoles en pos de justicia / explosivas redondas terroristas / insumisas notas haciéndolo todo. / Y la canción en guardia. / Así hubo que pararse en los pedales / como acróbatas del ruido / tratando de turbo-distorsionar la vida / buscando otra vez el codo a codo / en un síndrome de pogo solitario. / Lo demás fue de esperanza. / Una especie de fe ciega en el nihilismo / un ¡Nooo! gigante a las costumbres / un ¡Nooo! gritado, un ¡Nooo! bien decidido / un desafinado ¡Nooo! y desencajado / de las reglas que como canciones ¡Nooo! / Y la canción en guardia. / Se nos pasaron los acordes como relojes en años / mutando modas, ritmos y enemigos / y algún que otro balazo. / Y la canción subsiste. / Siempre habrá un guerrillero de guitarra / por cada verso vencido / y su cantor / suicidado, negociado… / Siempre quedará un poema / haciendo peso plomo en la balanza.”

 

Tabaré Rivero

 

La Tabaré surge en los años 80 como una propuesta contracultural altamente subversiva; parada en los pedales gritó desaforadamente algunas verdades que dolían y se salían desde las tripas, sin caretas ni fórmulas, sin venderse al aplauso barato o al hit del mercado, fue desentonando, tocándole el culo al poder, a las embarazadas y a la cursilería de los enamorados, dándolo todo por el arte del rock, del amor y los pecados…

– Tabaré, tu historia con el rock comienza más o menos en el año 1975 -en plena dictadura fascista-, cuando eras apenas un adolescente. En esa época fuiste parte de una banda que se llamó Euterpe, junto a Rudy Mentario. ¿Cómo fue vivir en ese Uruguay del miedo queriendo ser un rockero?

– Fue muy duro. No se podía ni enchufar una guitarra eléctrica porque venían los vecinos a tocarte la puerta, y a continuación -si seguías tocando- ya no eran vecinos los que venían. (Risas) Estaba todo prohibido. No había boliches ni nada dónde tocar. Pero había peñas de canto popular que estaban buenas, yo iba mucho, se curtía vino, empanadas y canciones con guitarra española, charango y quena. A mí me gustaba ir… Aplaudía la actitud política de esos músicos que sabían que nosotros -el público- estábamos ahí, en silencio, codo a codo, de alguna manera resistiendo… aunque la canción hablara de pronto del amanecer y del campo y de la luna. Habían ciertos mensajes que uno igual los traspasaba a la realidad que estábamos viviendo y ahí es cuando empieza lo artístico creo yo, ¿no? Supongo que el arte es eso, que el público pueda transformar lo que uno hace en su necesidad, manteniendo el concepto del autor.

– Recién hablabas de actitud política. ¿Cuál fue tu actitud política?

– Yo siempre pensé que toda actitud del ser humano está vinculada de alguna manera con la política. Todo artista o persona que comunica algo está comunicando políticamente -consciente o inconscientemente-. Siempre pongo el ejemplo de un tipo que se la iba de “apolítico”, Palito Ortega, cantando aquellas tonterías de “la felicidad”, “la sonrisa de mamá” y eso -que supuestamente no tenía nada de político- un día lo terminó llevando a ser gobernador de Tucumán y con ideas bastante lamentables.

Yo antes creía que el rock -una actitud muy política- podía cambiar todo y destruir aquella miseria que representaba el gobierno de Sanguinetti y el de Lacalle, creía que el rock podía destruir el establishment y armar algo nuevo… Yo ya era grandecito, sin embargo ese concepto era bien infantil. Y bueno, evidentemente me desengañé viendo otras bandas de rock que luego no tenían nada que decir… y sus actitudes no eran más que “sexo, drogas y rock and roll” y dos o tres eslóganes que les habían gustado. Entonces fue un golpe muy fuerte también, y eso fue un desengaño artístico-político.

Vos podés estar cantando una letra extremadamente politizada pero si tu actitud arriba del escenario -o a la hora del camarín y del trato con la gente, por ejemplo- es una actitud de superstar, creo que tiene muy poco valor lo que estás haciendo. Hay que tratar de vincular la vida con lo que se canta sino en una de las dos cosas estás mintiendo. Por eso, también, no soy un santo. A veces puedo llegar a cantar una canción solidaria, de lucha e irme a mi casa, irme a dormir, porque no siempre tengo ganas de luchar y de ser solidario, a veces soy un hijo de puta como cualquiera de nosotros. (Risas)

– ¿Cómo ves el futuro del rock? ¿Tiene cosas que decir o se quedó solo en “poses mega-sexy-rock star”?

– Durante mucho tiempo le pegué palos al rock. Y creo que hay cosas que están bien del rock y cosas que son espantosas. Por ejemplo, el otro día me di el gusto -en el Tocó Venir- de escuchar a 4 pesos de propina, cuyas letras están interesantes, tienen cosas para decir; pero hay otros grupos como Trotsky Vengarán que no tienen nada para expresar y que dan un poco de vergüenza, creo que le hacen muy mal al rock y muy mal al punk (el punk es justamente lo opuesto a lo que ellos hacen). Entonces, muchas veces le di palos al rock, sin dar nombres para no herir, pero englobaba a todos los rockeros y no… Hay dentro del ambiente rockero mucha gente -y muy jóvenes- que sí tienen cosas para decir.

Pero igual a esta altura, como todo lo que han agarrado los medios de comunicación, cualquier género artístico es transformado o convertido en moda, y el rock es una más. También le pasa al canto popular. Por ejemplo, Los Nocheros que son considerados canto popular -y que también dan vergüenza- en un festival de folklore del interior pueden llegar a tocar al lado de Larbanois Carrero y realmente eso es una falta de respeto a Larbanois Carrero. O lo que pasó con la movida punk o la movida hippie o la movida del mayo francés o cualquier otra movida que fueron agarradas, manipuladas y convertidas en basura. Los medios de comunicación fomentan la prostitución…

– Hoy en día también fomentan el odio hacia quienes son simples víctimas de este sistema perverso de consumo, odio hacia los privados de libertad. Tratan de justificar las condiciones inhumanas en la que los tienen y pretenden poner de moda la criminalización de los gurises más pobres, culpabilizándolos de todos los problemas de inseguridad. ¿Cómo vivís eso?

– Eso lo vivo con mucha tristeza. La gran mayoría de las noticias son falsas u omitidas. Hay muchas cosas que no se dicen en los medios de comunicación y abundan las estupideces. Ahora estoy tratando de convivir con eso pero durante mucho tiempo -tras que soy de una psiquis inestable- me afectó mucho… El escuchar tanta falsa información siempre fue doloroso.

Y respecto de echarle la culpa a la gente más humilde de todas las cosas que nos suceden, de todos los males que podemos habitar, de todos los miedos que quieren generarnos es algo bastante desagradable. Pero no solamente los medios de comunicación sino pensar que hay gente, por ejemplo, como el caso de Bordaberry -hijo- donde uno se pregunta: ¿el tipo es un gran farsante o de verdad puede haber sido educado en esa falsedad y no se dé cuenta?, ¿puede ser tan hijo de puta como para querer mandar a los niños presos?, cuando en realidad todo es producto de lo que dejó su padre… toda una generación que empezó a perderse a partir de los años 70 donde se convirtió al Uruguay en un lugar lleno de cantegriles, de mala educación y de gente que vive una arriba de la otra en ranchos de chapas y en violencia total ¿y ahora pretenden ponerlos en cana?, ¿y lo hacen de verdad por inocencia o son tan pero tan hijos de puta?, ¿y la gente no se da cuenta? Yo creo que la gente se da cuenta, por algo tienen muy pocos votos pero por otro lado pienso en el peligro que representa Bordaberry con su discurso tan pueblerino, tan serio, ¡hasta humilde parece a veces, es un gran actor!

Para los medios de comunicación lo que importa es lo que vende, “y como esto vende jódanse todos”. Pasa con la radio, pasa con la cultura y pasa con la pantallita televisiva. Y la pantallita televisiva hoy por hoy es la fuente de educación número uno. A nivel popular no hay escuela, liceo, murga, no hay nada que pueda con la pantallita, y si la pantallita te está dando cultura tinellista vas a pensar con cabeza tinellista y la cabeza tinellista es una cabeza muy de derecha. Todos estos programas deberían estar prohibidos. Así como se prohíbe la cultura -porque la cultura está prohibida, no prohibida por ley pero sí prohibida de hecho- debería haber una ley que prohíba la estupidización, la mentira de los informativos y la pérdida de tiempo hablando pavadas. Es muy fácil utilizar la televisión para educar. Por ejemplo, si en la transmisión de un partido de fútbol vos ponés un aviso cada cinco minutos que diga “loco, no mates, respetá a tu pareja” podés educar a la gente, ahora, si cada ves que matan a una mujer hablás un minuto no vas a cambiar nada.

– Como referente que sos para muchos jóvenes y con la responsabilidad que ello implica, ¿qué le dirías a nuestros lectores?

– Que a pesar de las defecciones políticas que uno pueda tener hay que ser consciente de que uno es un ser político y primero que nada hay que tratar de mejorar todos los días y para mejorar hay que luchar mucho. No sé. Tampoco me quiero poner a dar un discurso. Quién soy yo para darle consejos a la gente. No tengo la menor idea, que vengan los jóvenes y me den consejos a mí, ¿cómo llegar a viejo sin ser tan pelotudo?

Marcos Sotelo

 

 

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