“Yo también tengo mi historia”

libroBajo este título, el escritor uruguayo Ignacio Martínez publicará un libro que relata la experiencia de un grupo de jóvenes del INAU, su historia y su lucha, que no por silenciada deja de ser reveladora y ejemplar.

 En el número 3 de su edición impresa -octubre 2011-, LiberArce tocaba el tema de la marginación social, el ataque a la juventud uruguaya, y las vías de reinclusión desde la perspectiva particular del convenio que se realiza entre el INAU y la UNTMRA –sindicato metalúrgico-, que posibilita que jóvenes que han vivido o aún se encuentran bajo medidas de privación de libertad, se integren al mundo laboral. Este proyecto avanza, se amplía y es visto con interés por otros sindicatos y organizaciones para la implementación de planes de este tipo.

Por esta razón, y otras tantas, surge la iniciativa del INAU de realizar un libro acerca de esta experiencia, como herramienta para su análisis y apoyo a su difusión, tan poca en relación a su importancia.

Narrando lo necesario

Conversamos con Ignacio Martínez, que estuvo encargado de realizar el libro y se ocupó tanto de la realización de las entrevistas como de la redacción; “en el libro se van a encontrar con ocho entrevistas realizadas a siete varones y una chica, todos estuvieron privados de libertad, algunos lo siguen estando (…), además de entrevistas a educadores que acompañaron el proceso de los chiquilines, a los trabajadores de la fábrica y también autoridades del INAU, del INJU, del MIDES”, explicó.

Hablando de su interacción con los jóvenes trabajadores que forman parte de este programa, el autor dijo que “la respuesta de los chiquilines fue excelente” y comentó:“Yo había ido con otra idea para el título del libro, un título bien choto, ‘Otra vida es posible’o algo así, y José, uno de los muchachos, me dijo que él tenía otro título, que para él tenía que ser ‘Yo también tengo mi historia’. Y a mi me llenó de emoción ese título porque muestra que ellos existen como personas y que tienen algo que contar, que tienen derechos, como el de sentirse dentro de una sociedad que los respete, que les permita oportunidades como ésta, la cual se ganaron con mucho esfuerzo”.

“El tema tiene dos razones fundamentales, desde el punto de vista educativo y desde el punto de vista de la inclusión social, no existe posibilidad alguna de lograrlas, en mi opinión, si no es a través del trabajo, del trabajo digno, legal, con todas las obligaciones y los derechos que eso supone. Este proyecto del INAU, en este caso con un sindicato, tiene una importancia medular, lejos de todas las juntadas de firmas para bajar la edad de imputabilidad, lejos de todas las respuestas represivas como única alternativa”- concluyó Martínez-.

Historias uruguayas y cuentos chinos

Las primeras se abren paso a pulmón, nadie les regala nada; avanzan con sacrificio atravesando la inconsistente pero tupida maleza de los últimos, esos cuentos chinos que- por abundantes, suelen prenderse en algún sitio de nuestros pensamientos. De modo que las jóvenes historias uruguayas no podían ser a menos que hicieran desdecirse a los milenarios –ya rancios, por cierto- cuentos chinos. Martínez explica que en el proceso del libro “lo que me sorprendió es la fuerza que tienen los paradigmas, es decir, los preconceptos. Esos chicos ya estaban estigmatizados con ser malos, con ser adictos a las drogas y no es así. Estos chicos se integraron con muchísima rapidez a la fábrica, lograron un nivel de aceptación de los compañeros muy rápido, a pesar de que previamente les decían que tuvieran cuidado, que iban a ser rechazados, que la gente no iba a tener mucha confianza en ellos; les estaban diciendo prácticamente ‘no vayas’. En cambio, fueron y lo hicieron muy bien, acompañados por los trabajadores, sobre todo los trabajadores más jóvenes de la fábrica que rápidamente los rodearon, y eso me enseñó que hay que replantearse muchas cosas”.

Dos líneas dos

Hay quienes definen como respuesta a la problemática de la exclusión social, la baja de la edad de imputabilidad, es decir, el menoscabo de los derechos ya menguados por la injusticia social. Pero también hay quienes luchan –menos mal- por lo contrario, por elevar los derechos y garantizarlos en el día a día. Según Martínez “tiene que haber un trabajo dirigido al empleo digno para esa juventud, acompañado del estudio y con un trabajo también hacia la familia de esos chicos. Por último, me parece que hay que trabajar su propia conformación familiar, deben armar una esperanza familiar mejor que la que tenían en su momento, y ser el protagonista de ella”, y se refirió al problema de la manipulación en la campaña para bajar la edad de imputabilidad diciendo que “los medios de comunicación están jugados a una línea represiva, excluyente, de aislamiento de las poblaciones vulnerables, donde parecen estar dispuestos a cerrarles todas las puertas, enrejarlos y enrejarse antes que aceptarlos. Pero quienes luchamos contra la baja de la edad de imputabilidad debemos hacer énfasis en este tipo de proyectos, además de oponerse a la baja debemos demostrar que la cosa va por otro lado, por el de la inclusión, que es esa suerte de combinación entre el trabajo, el estudio, la familia, la vivienda, generar otro entorno social para que los chicos vean que tiene otra perspectiva su vida, es ese el camino”.

Caludio Arbesún y Luis del Puerto

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