Sentir al Che

Che-GuevaraHay muchas maneras posibles de escribir sobre el Che, todas ellas válidas.

Se puede hablar sobre su peripecia vital y buscar en ella las pistas de la transformación de un joven de clase media en un líder revolucionario. Se puede concentrar el esfuerzo en su participación en la lucha revolucionaria en Cuba y su aporte práctico y teórico a la construcción del socialismo. Se puede hablar sobre su experiencia práctica en la gestión de gobierno, a la que dedicó más años que a la guerrilla, como jefe del Departamento Industrial del Instituto de Reforma Agraria, presidente del Banco Central y ministro de Industria de la revolución cubana. Se puede explorar en sus escritos, en los cuestionamientos a varias interpretaciones dogmáticas del marxismo, su polémica sobre el alcance y el método de la planificación económica, sobre el papel de los estímulos morales y materiales, sobre el valor de la participación popular en la gestión económica y en la construcción del socialismo. Se puede profundizar en el acento que puso en la necesidad de paralelamente a desarrollar una nueva base económica construir un nuevo tipo de individuo, lo que llamó “el hombre nuevo”. Se puede hacer el centro en un aspecto de esa construcción del hombre nuevo y volver al papel que le otorgaba a los jóvenes rescatando su histórico mensaje a la fundación de la Unión de Jóvenes Comunistas de Cuba. Se puede estudiar a fondo sus aportes sobre el papel de la guerrilla y bucear en el, para nada arcaico, problema de los métodos y las vías del cambio revolucionario. Se puede rescatar la definición que promovió y defendió sobre el carácter central del enfrentamiento entre los países, entonces llamados del Tercer Mundo, y el imperialismo y la directa relación entre la lucha de liberación nacional, por la independencia económica y política, y la construcción del socialismo. Se puede también, concentrarse en dos de sus famosos diarios, el más conocido de Bolivia y el menos difundido en estos lares, pero esencial y revelador, “Pasajes de la Guerra Revolucionaria”, que cuenta la lucha en la Sierra Maestra y la victoria contra la tiranía de Batista. Hasta se puede hacer un análisis detallado de los trabajos que hizo pensando en Uruguay: el discurso en el Paraninfo en 1961 y el ensayo para Marcha, “El socialismo y el hombre en Cuba”.

Todo ello estaría bien y sin embargo no alcanza, porque el Che siendo todo eso, también es mucho más que sólo eso.

Escapando a la tentación de escribir una nota poblada de citas o referencias históricas y mucho más de los intentos tragicómicos de forzar al Che para intentar legitimar o desligitimar, según el caso, posturas actuales; estas líneas proponen un ejercicio distinto: sentir al Che.

¿Está el Che vigente en 2011? ¿Qué significa sentir al Che a 44 años de su asesinato en Bolivia?

La respuesta a esas dos preguntas no está libre de polémica, pero es imprescindible enfrentarla e intentar contestarlas.

La vigencia del Che

La vigencia del Che, de su pensamiento y de su ejemplo, fue puesta en cuestión siempre, desde el día mismo de su asesinato. Las poderosas fuerzas que enfrentó lo asesinaron físicamente y se han empeñado, y lo seguirán haciendo, en matar su influencia, su mensaje, su ejemplo.

Esos intentos van desde reducirlo a un idealista solitario que perdió todas sus batallas, pasando por limitarlo a un teórico y práctico de la lucha armada, hasta la más sutil de las formas de asesinarlo cotidianamente: transformarlo en un fenómeno simpático de mercado o de rebeldía sin causa y sin compromiso, vaciarlo de contenido revolucionario.

El fracaso de todos los intentos por asesinar al Che y borrarlo del imaginario colectivo de los pueblos, es en sí mismo, una demostración de su vigencia. El Che está vigente porque siguen inconclusas las luchas por la que vivió y por las que dio su vida. Sigue siendo imperioso luchar por la independencia real y por la soberanía de nuestros pueblos. El mensaje del Che está presente en esta nueva época que vive nuestro continente con gobiernos de izquierda y progresistas, que construyen con sus matices y sus contradicciones, espacios de soberanía y de independencia. Sigue siendo imperioso enfrentar al imperialismo yanqui y su política de dominación neocolonial en América Latina y el Tercer Mundo, y hay que hacerlo con la más amplia unidad de los pueblos, de los gobiernos y de los países. Y también sigue siendo imperioso soñar, pensar, construir y luchar por una sociedad superadora del capitalismo que implique el fin de la explotación. En definitiva, sigue siendo imperioso pensar, soñar y luchar por la revolución.

Sentir al Che

Sentir al Che en 2011 es pensar con cabeza propia, no atarse a esquemas, asumir las dificultades, los problemas, mirar la realidad de frente y sin autocomplacencia, pero a la vez, asumir el compromiso de luchar para transformarla, no acostumbrarse a la injusticia.

Sentir al Che en 2011 es valorar todo lo que se ha avanzado y comprometerse con esos avances. Es analizar con profundidad y sinceridad las dificultades, la complejidad y los peligros, pero no usarlos como excusa para no luchar sino como retos a superar para las transformaciones imprescindibles.

Sentir al Che en 2011 es no caer en la trampa de repetir sus ideas como una liturgia y mutilarlo de su capacidad cuestionadora. Es también mirar críticamente al Che y sobre todo, siempre, mirarnos críticamente nosotros mismos.

Sentir al Che en 2011 es asumir que la lucha siempre es posible y que nada se consigue sin ella. Es construir unidad y a la vez no rehuir el debate. Es tener la sensibilidad a flor de piel y estar dispuesto a ser solidario con los pueblos hermanos que luchan y sentir esa lucha como nuestra. Es sentir y defender a Cuba, su obra más querida, sin seguidismos pero sin renunciamientos.

Sentir al Che en 2011 es mirar de frente, las tragedias y los errores, que se cometieron y se cometen, en esa aventura humana que es la revolución y la construcción de una sociedad nueva. Pero es también, comprometer todas nuestra energías en superarlos.

Sentir al Che en 2011 es ser revolucionario y en nuestro caso, sin atisbo de sectarismo o de exclusividad, pero si con honestidad intelectual y política, es ser comunista. Es decir sin vueltas que el capitalismo no alcanza y que necesitamos y peleamos por el socialismo.

Sentir al Che en 2011 es entender que hay que mejorar las condiciones de vida, materiales y espirituales, de nuestra gente. Pero también ser capaces de participar de un proceso en que la transformación nos incluya a nosotros mismos, rompiendo “el sentido común” hegemónico.

En el fondo, sentir al Che en 2011, es no resignarnos, no aceptar que nos marquen cada instante el límite de lo posible. Cada una y cada uno de nosotros puede y debe encontrar mil maneras de sentir al Che en 2011. En el territorio de la realidad, de la práctica política y en forma imprescindible en los sueños que nos conmueven, nos entusiasman y nos movilizan.

Al Che, con cariño, se le podría dedicar una hermosa estrofa de Luis Eduardo Aute:

“Contigo atraparé los sueños

que fueran clandestinos,

aquellos que aún no tienen dueño,

acaso el torbellino.

Y mantendremos el empeño

de combatir molinos,

que la razón, sin el ensueño,

produce desatinos”.

Gabriel Mazzarovich

 

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Un pensamiento en “Sentir al Che

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