Liber Arce y el futuro

liberEl 14 de agosto de 1968 murió Líber Arce, estudiante de Odontología, militante de la FEUU y de la UJC. Líber fue el primer mártir estudiantil, su muerte conmovió al país entero y está fecha ha pasado a ser, desde entonces, una referencia para el movimiento estudiantil y todo el movimiento popular uruguayo. Una fecha de recordación, de homenaje, pero también imprescindiblemente de lucha y de propuesta.

1968: mucho más que el mayo francés

Líber fue herido de muerte dos días antes, el 12 de agosto, en las inmediaciones de la Facultad de Veterinaria, en la calle General Prim (que hoy por decisión del gobierno del Frente Amplio en la IMM y de la Junta Departamental, en ese trayecto lleva su nombre). Estaba participando en una de las múltiples movilizaciones que trabajadores y estudiantes realizaban para enfrentar la política represiva, antiobrera y antipopular del gobierno del Partido Colorado, encabezado por Jorge Pacheco Areco.

Según narraron testigos, entre ellos el actual Ministro de Turismo, Héctor Lescano, los estudiantes fueron reprimidos por un grupo de efectivos policiales. El agente Tegliachi, usando un arma que no era la del reglamento, disparó por la espalda contra Líber y le impactó en la pierna, la bala le seccionó una arteria y aunque sus compañeros y luego los médicos del Hospital de Clínicas hicieron todo por ayudarlo, murió 2 días después. Un militante de la UJC de Veterinaria, elude las balas, forcejea con el asesino de Líber y logra sacarle la gorra. Esa acción permitió que fuera identificado y al gobierno represor de Pacheco y el Partido Colorado no le quedo más opción que detenerlo, aunque por breve tiempo, luego lo cubrió el manto de la impunidad.

El sepelio de Líber fue la más grande movilización popular conocida hasta entonces, los trabajadores con su recién nacida CNT paralizaron el país para concurrir solidariamente. El gobierno colorado organizó grupos de provocadores y esa noche rompieron vidrieras por 18 de Julio para, amparados en los medios de comunicación a su servicio, justificar lo injustificable.

En Uruguay 1968 no fue un rayo en un cielo sereno. Fue un año de ofensiva de la derecha, que implementó un plan económico de hambre y recorte de derechos, intentó ahogar a la Universidad presupuestalmente y a caballo de las Medidas Prontas de Seguridad reprimió con saña salvaje al movimiento popular.

En 1968 se producen 8 paros generales para enfrentar el congelamiento de salarios y la represión, decenas de acciones estudiantiles y de la Universidad en su conjunto reclamando presupuesto y rechazando el intento de Pacheco de reglamentar las elecciones universitarias. Son destituidos y encarcelados trabajadores bancarios por parar. Cientos de dirigentes sindicales y estudiantiles son detenidos. Se denuncia tortura a trabajadores de la construcción. Poco más de un mes después del asesinato de Líber, en setiembre, caen asesinados, otros dos estudiantes, también de la UJC; Hugo de los Santos y Susana Pintos.

Esta represión expresó la decisión de los sectores más reaccionarios del Uruguay, apoyados y alentados por el imperialismo yanky, de frenar el proceso de acumulación del movimiento popular. Tres años antes se había realizado el Congreso del Pueblo, dos años antes se había creado la CNT, las movilizaciones unían en la calle a cientos de miles de trabajadores y estudiantes. El presidente de la Cámara de Industria, Alfredo Deambrois, en un discurso del 30 de diciembre de 1968 expresaba con absoluta claridad lo que estaba en juego: “Se inicia una nueva era. Los industriales y todos los hombres de la actividad privada se encuentran actualmente frente a la última oportunidad de supervivencia primero y consolidación luego del régimen democrático capitalista del que disfrutamos”.

¿Líber es del pasado?

De esas luchas, de las propuestas por ellas levantadas, de una polémica también en el seno del movimiento popular, viene el Frente Amplio. También la contraofensiva de la derecha, el golpe de Estado y la dictadura.

El movimiento estudiantil y los jóvenes en general, se jugaron mayoritariamente contra la dictadura. Lo expresaron con claridad en las elecciones universitarias tras el golpe apoyando masivamente a la FEUU; votando masivamente por el NO en el 80 y como nutriente fundamental de la contraofensiva popular que se hizo de masas en 1983.

No hubo año, durante la dictadura que los jóvenes no homenajearan a Líber y en él a todos los mártires. Así ha seguido siendo en los ya 25 años de recuperación democrática. El 14 de agosto ha pasado a ser una fecha símbolo para los militantes estudiantiles y juveniles uruguayos y está muy bien que así sea.

Pero escribiendo, nada menos que en LIBERARCE, y para la UJC, sería hacerse trampas al solitario quedarnos en esa constatación y recordación.

Líber fue parte de una generación que forjó la unidad, que construyó herramientas de lucha que aún hoy son parte fundamental del movimiento popular. Pero también, Líber, la UJC de entonces, la izquierda, aquella generación, tenían la revolución como objetivo, como componente central de su discusión y de su acción. Esa era la utopía, que los movía, más allá de las polémicas, de los nombres, de los énfasis.

Líber también fue parte de las ideas y los sentimientos de la generación de los que combatimos la dictadura. Nuestra utopía era la libertad. No habíamos dejado de hablar de revolución y mucho menos de soñar con ella. Pero derrotar al fascismo, liberar a los presos, encontrar justicia para los represores, ser libres, era sin dudas, lo que nos unió y movilizó.

En ambos casos, con limitaciones, con errores, con tragedias, con derrotas, pero también con victorias, esos sueños y esos instrumentos populares involucraron a miles.

Líber es parte de esta generación. La de la post dictadura, la emergente de la peor crisis socio económica del Uruguay, la de la derrota del voto Verde y del voto Rosado, la de la ofensiva cultural, ideológica y material del neoliberalismo que devastó la sociedad; la que creció sin el campo socialista y masivamente, solo conoce el capitalismo.

Es también la generación de la IMM para el FA, la de la victoria en los plebiscitos en defensa de las empresas públicas, la de la gran victoria del FA por dos veces a nivel nacional, la del movimiento sindical con más cantidad de afiliados en toda su historia (la mayoría jóvenes).

Esta generación recogiendo el pasado, asumiendo sin demagogias y sin anteojeras el presente, sus luces y sus sombras, sus problemas y también sus innegables avances, debe construir su propio camino: su utopía que la movilice.

Somos comunistas, nuestra utopía es la revolución y la construcción de una sociedad superadora del capitalismo, que cada vez más muestra sus lacras y la imposibilidad de resolver, como sistema, los desafíos de la organización de la vida humana. Eso era así en 1968, durante la dictadura y lo sigue siendo hoy.

Pero también sabemos, que se necesita unidad, propuestas concretas, mirar la realidad y luchar para transformarla. Y sobre todo sabemos que los jóvenes en general y los estudiantes son una de las fuerzas sociales llamadas a jugar un papel central en cualquier proceso de cambios en nuestro país y más con sentido revolucionario.

Es muy importante el gobierno del FA, es muy importante el FA como herramienta, lo son las organizaciones estudiantiles y el PIT-CNT.

Pero tan fundamental como eso es que se involucren miles de jóvenes en esta lucha.

La transformación será con miles o no será. Por eso, además de incorporar todas las formas de participación, debate y movilización, que deban ser incorporadas, lo central es que miles de jóvenes sientan y sueñen con transformar esta realidad y que lo hagan a su manera.

Recordamos a Líber con emoción; fieles a la historia pero comprometidos con el presente y sobre todo con la necesidad de involucrar a miles de jóvenes en la lucha por los cambios.

Bien lo dijo Mario Benedetti: “Las utopías no son; pronósticos ni proyecciones de datos ni resultados de encuestas ni siquiera presagios; más bien son destellos de la imaginación, aspiraciones casi inverosímiles que sin embargo llevan en sí mismas el germen de lo posible. Una generación sin utopías será siempre una generación atascada (aunque tenga la obsesión de la velocidad) e inmóvil (aunque se agite sin cesar)”.

 Gabriel Mazzarovich

Materiales consultados

Nº 2 de Colección de El Popular, “Serie Hechos de la vida nacional”

Mario Benedetti, “Perplejidades de fin de siglo”.

 

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